domingo, 17 de enero de 2010

HAITI SE MUERE ,LOS PERIODICOS VIVEN

Ha tenido que suceder una horrible catástrofe como la que se está viviendo en Haiti, trás el devastador terremoto que ha segado decenas de miles de vidas, para que el periodismo escrito retome su papel en la sociedad.
Las crónicas que los enviados especiales de los diarios españoles están realizando sobre el terreno nos cuentan historias cargadas de humanidad. Nos aproximan a una cruda y dura realidad más allá de las puras estadísticas y de las informaciones y declaraciones de los políticos, instituciones y gobernantes.
En medio del tremendo caos que vive Haiti, los periodistas, pegados al terreno y en condiciones angustiosas para realizar su trabajo, nos cuentan desde las calles, los hospitales, el aeropuerto, las ruinas de las casas,los muertos sin enterrar, en fin desde el mismo infierno, más real que nunca lo que es el hambre, la violencia, la miseria humana de un país al que la civilización mundial con medios casi ilimitados se ve incapaz de ayudar en los primero días del desastre.
La movilización de recursos de las empresas editoras en España ha sido muy importante.
Por unos días se olvidaron del recorte de gastos, de la supresión de corresponsalías, de reducir las páginas de información para volcarse en la esencia del buen periodismo , única razón para que sigamos leyendo los diarios.
Las imágenes que llegan por la televisión y los mensajes a través de la red son realmente impactantes y te encogen el corazón. Son como un puñetazo en el estómago, pero las crónicas de los periodistas de los diarios te dejan mal todo el cuerpo.
La reflexión que te golpea con cada línea escrita sobre cada niño y sobre cada familia de Haiti es la de la incapacidad que tenemos en este mundo tan avanzado, tan capaz de superar los retos con nuevas tecnologías, para dar respuesta a una crísis humanitaria como la que estamos viviendo.
Imagino a muchos periodistas sufriendo por no poder estar allí, por no tener la oportunidad de ayudar a los demás contando lo que necesitan, lo que les pasa a esos pobres haitianos olvidados del mundo.
Imagino a los que están ahí, con un nudo permanente en la garganta, implicándose hasta en el rescate de las victimas y luego sentándose en una improvisada tienda de campaña intentando resumir para su periódico de la manera más objetiva, pero sin distancia lo que han visto.
Hoy domingo, cuando repasas los diarios, cada crónica es una historia. Cada periódico es una noticia.
No deja de ser una cruel contradicción que para que el periodismo escrito vuelva a estar vivo Haití se esté muriendo.
Ojalá apréndamos la lección para siempre.

1 comentario:

Ana dijo...

Es un placer leerle. Le tenía perdida la pista desde su salida del Grupo Z, fíjese si hace tiempo. Pero gracias a José Luis, le hemos recuperado. Lo de Haití ha sido una bofetada en la cara de los políticos, en primer lugar, pero también en la de los periodistas y la sociedad, en general. Los primeros actúan mal, en general. Francia ya crea un problema donde -de momento- ni lo hay ni se le espera: una presunta invasión de EEUU en el país más pobre de América. La ONU ha demostrado que no está para lo que tiene que estar, los grandes problemas internacionales: hay ayuda (la solidaridad española, por cierto, se ha demostrado muy superior a la media mundial) pero no llega a las víctimas. Y los periodistas... Qué decir. La respuesta ha sido muy positiva. Los medios, a pesar de la crisis que están viviendo y de los recortes en viajes instaurados, han desplegado a personal de redacción, corresponsales de la zona, etc. sin pararse a medir el gasto. Pero la cruda realidad es que los periódicos se venden con esta noticia escalofriante. Veremos qué pasa cuando el silencio ahogue a Haití y las historias empiecen a repetirse. Sé de lo que hablo, soy periodista.