lunes, 9 de abril de 2018

EL CHAPAPOTE DE CIFUENTES



La corrupción es como el chapapote que emerge en la superficie del mar y se deposita sobre  las playas cuando hay un vertido de petróleo. El contaminante se hace bien visible y la pasta de alquitrán se puede recoger con esfuerzo, pero el océano se traga buena parte del líquido oleaginoso y devasta el bioma marino sin que tengamos conocimiento preciso de ello, simplemente porque no está a la vista.
Estos días ha emergido el chapapote del máster de Cristina Cifuentes.  Eldiario.es descubrió el vertido contaminante de las graves irregularidades que se dieron para que obtuviera un título en condiciones tan limpias como cualquier alumno de a pié.
Los periodistas tienen la obligación de denunciar los tratos de favor a los políticos, los amaños que éstos pergeñan con las instituciones prevaliéndose de su poder y, por supuesto, los fraudes y engaños que cometen con  los ciudadanos.
Eso es lo que han hecho los periodistas de eldiario.es. Mostrarnos el chapapote  con el que Cifuentes ha pretendido llenar de porquería a toda la Universidad Rey Juan Carlos, a buena parte de la Asamblea de Madrid y a toda la sociedad.
Si por un título  es capaz de contaminarlo todo, ¿de qué puede ser capaz esta política que, según ella, no asistir a clases en un máster presencial, no examinarse de las asignaturas y presentar “un sencillo trabajo” en diez minutos, que no aparece, le resulta de lo más natural en su condición? Pero eso es solo el chapapote que hoy se ha podido recoger en parte, la contaminación sigue ahí en medio del océano corrompiendo el bioma marino.  Su matriculación fuera de plazo, las actas con las notas cambiadas irregularmente, el documento de titulación con firmas falsificadas de las docentes, la connivencia con ciertos profesores… todo eso está emergiendo a la superficie y cada  día habrá que recoger más porquería de la playa.
  Es tremendo que por contarlo los periodistas Raquel Ejerique e Ignacio Escolar se vean amenazados por la contaminadora Cifuentes con una querella “criminal” y que pretenda silenciarlos para que ella siga intoxicando a su placer.
Le atribuyen a Orwell la frase de que periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques y qué mejor que intentar impedirlo con una petición de prisión para los periodistas que cuentan lo que a Cifuentes no le interesa que se cuente. Pero en este caso la presidenta de la Comunidad ha dado en hueso y eso no va a pasar. Todavía queda mucho chapapote por recoger y los periodistas, me consta, van a remover hasta el fondo del océano para que el agua sea más clara y esté libre de porquería.
En ese contexto es preocupante que algunos medios de comunicación, no todos pero quiero destacar el lamentable papel de la televisión pública española, hayan tardado en reconocer que había una gran mancha de chapapote vertida por Cifuentes cuando llevaban días mostrándolo  los periodistas de eldiario.es. Otro medio, El Mundo, ha decidido apostar por indagar en las fuentes de los periodistas en vez de investigar el fraudulento máster. Apuntar al dedo en lugar de a la luna. No sé si lo ha hecho para promover una nueva teoría de la conspiración o para disculpar a la contaminante Cifuentes; el caso es que ella y el PP en seguida se han apuntado a la hipótesis del contubernio.
Pero qué más da si el vertido de petróleo sigue fluyendo como los hilillos del Prestige y no nos aprestamos a taponarlo. Nos vamos a llenar todos de porquería, también alguna prensa. Si no nos ensuciamos las manos recogiendo el chapapote y  cerramos la fuga  pronto, la fauna marina morirá contaminada.



lunes, 29 de enero de 2018

entre medios: TODA LA VERDAD, SOLO LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA V...

entre medios: TODA LA VERDAD, SOLO LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA V...: Estamos asistiendo a una preocupación creciente sobre la veracidad de la información que nos llega a través de los med...

TODA LA VERDAD, SOLO LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA VERDAD


Estamos asistiendo a una preocupación creciente sobre la veracidad de la información que nos llega a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Las fake news virales que nos envían nuestros grupos de chat y que reproducen sin contrastar algunos periódicos y televisiones están al orden del día.
La novedad en este frente de noticias falsas y de mentiras emotivas, como se ha definido a la posverdad, es que ahora están tomando cartas en el asunto casi todos los implicados: gobiernos, medios de comunicación, redes sociales  y hasta el propio Papa Francisco, que acaba de decir que la primera fake news fue la que creó la serpiente en el paraíso engañando a Eva con la fruta del árbol prohibido.
Hace unos días el Consejo de Seguridad Nacional británico anunció que creará un órgano para contrarrestar las noticias falsas y las narrativas contrapuestas (sic), más cerca de nuestro ámbito territorial, hace un par de años, el ayuntamiento de Madrid decidió crear una página web (MadridVO) para contrastar las noticias publicadas sobre su competencia municipal que consideraba falsas. Diferentes medios como La BBC están llevando a cabo entre los británicos una labor educativa para que sepan discernir la verdad informativa de la manipulada o falsa. Parece que Zuckerberg, al admitir que en su red social se cuelan cientos de miles de fake news  va a tomar cartas en el asunto. No sabemos si lo hará eliminando simplemente todas las noticias de los medios de comunicación en Facebook o creando un algoritmo inteligente que discierna entre la verdad y la mentira. Por otra parte el presidente Donald Trump ha creado en su twitter sus propios premios a las mejores fake news, dando ganador a The New York Times  y al nobel Paul Krugman por asegurar que la bolsa se hundiría bajo su mandato. Claro está que a todos los que Trump ha distinguido con el galardón de “mentirosos” son medios críticos con su gestión.  
 En nuestro país el gobierno de Rajoy ha mostrado su preocupación  por la injerencia rusa en las redes sociales al publicar noticias falsas para desestabilizar la unidad de España y alentar el independentismo catalán.
En fin, tanta preocupación  mundial y hasta divina  para que toda la información que recibamos sea verdad, solo la verdad y nada más que la verdad debería llenarnos de satisfacción y sin embargo es preocupante porque puede ser la antesala de una desinformación de los ciudadanos cuando no de una censura a los medios de comunicación sin precedentes.
Los gobiernos son cada vez más poderosos mientras que los medios de comunicación se debilitan a pasos agigantados inmersos en una crisis económica y de cambio tecnológico sin precedentes, pero también de credibilidad como consecuencia de su falta de independencia, precisamente de ese poder que nos quiere preservar de las noticias falsas.
Podemos llegar a una nueva era de control férreo de la información en la que la única verdad sea la que le interesa  dar a conocer a los gobernantes. Solo el buen periodismo, comprometido con los gobernados podrá acercarnos a la otra verdad, la que nos hace más libres  y desenmascara la falsedad que se crea en interés de los poderosos.

lunes, 15 de enero de 2018

INTERVIU, LA MUERTE DE UNA REVISTA



Ando a primera hora de la tarde por el centro de Barcelona en busca de un kiosco de prensa donde comprar los últimos números que se publicarán  de las revistas Interviú y Tiempo . Según ha comunicado Grupo Zeta  dejan de editarse por falta de ventas y de rentabilidad.  No tengo suerte, dos kioscos están cerrados y el tercero, en la Plaza de Urquinaona, no las tiene, de hecho no tiene muchas publicaciones impresas y la mayoría son extranjeras; al parecer es más rentable  venderles a los turistas los souvenirs que cuelgan de las estanterías donde antes exhibían diarios y revistas.
 Interviú fue el origen de Grupo Zeta, la revista emblemática que sirvió de palanca para que el editor Antonio Asensio, fallecido en 2001, impulsara un grupo mediático  compuesto por decenas de revistas, periódicos regionales y hasta una televisión, Antena 3, que tuvo que vender a Telefónica  presionado por el gobierno de Aznar.
Interviú fue la revista madre que albergó en su vientre otras publicaciones, entre ellas el suplemento político Tiempo que alumbró en el kiosco al cabo de unos meses y que ahora se muere al mismo tiempo que la madre.
Interviú llegó a vender a los pocos meses de nacer, en 1976, cerca de un millón de ejemplares en cuya portada aparecía un desnudo de la actriz Marisol fotografiada por el gran Cesa Lucas,  pero durante años su circulación no bajó del medio millón. Aquella difusión se aprovechó inteligentemente para albergar en el cuaderno central de la revista contenidos de índole política bajo la cabecera Tiempo y hacerla crecer hasta que se ganara en solitario su puesto en el kiosco.
Detrás de Interviú había mucho talento y muchas horas de debates e investigación de los profesionales que trabajaban en la revista. Los consejos de redacción los presidía el propio Asensio que marcaba su impronta, pero dejaba absoluta libertad a los periodistas. No había más censura que la de que los contenidos fueran verídicos y el apoyo a los periodistas frente a las presiones del poder fue total e indiscutible por parte del editor.
A Asensio se le criticó hasta llamarle pornógrafo por aprovechar el llamado “destape” de mujeres desnudas en las portadas de la revista en una época en la que la democracia y la libertad de expresión eran muy débiles, pero muchos lectores valoraron también el “destape” informativo que Interviú aportó a una España que, con la dictadura, había carecido de la más elemental libertad de información.
Interviú fue secuestrada varias veces por orden gubernamental, la ultraderecha llegó a quemar kioscos cuando Xavier Vinader publicó informaciones comprometidas sobre los GAL que acabaron en una condena a prisión que le obligó a exilarse.
No todo se hacía bien, se cometieron muchos errores, pero detrás de Interviú había uno de los mejores equipos de investigación periodística al que el editor dotó de todos los medios posibles. Contrató a los mejores de entonces, recuerdo las crónicas de Manolo Vázquez  Montalbán, los artículos de Paco Umbral y Raúl del Pozo,  las investigaciones de Antonio Rubio y Manolo Cerdán, el humor de Forges, Martin Morales y  Perich, y  las de tantos y tantos que pasaron por sus páginas de distintas ideologías y opinión.
En fin , parece que los quioscos siguen sin abrir. Me he dado otra vuelta y mantienen la persiana bajada, quizás están cerrados para siempre. Eso puede haber influido en la desaparición de Interviú,  eso y que la gente ya no busca en el papel lo que puede encontrar en los digitales. No lo sé, pero seguro que también hay otras razones. Se me ocurre que antes había un editor que se interesaba por su oficio, que buscaba a los mejores y que innovaba frente a los cambios y costumbres de la sociedad. Interviú se muere sola, abandonada por los millones de lectores de otra época, pero también por no tener  un editor que la haya querido salvar desde hace años.   Una pena.

 
 
 

lunes, 11 de diciembre de 2017

MALOS AUGURIOS PARA LOS DIARIOS EN PAPEL


Si hace diez años el 30% de la población española de más de 14 años leía periódicos de información general en papel, ahora la última encuesta del EGM (Estudio General de Medios) ha arrojado la peor cifra de lectores de la historia de los diarios: tan solo el 19% leen habitualmente este tipo de prensa.  El descenso de once puntos en la audiencia de lectura de diarios equivale a una caída del 37% de los lectores. Este año la mayor deserción se da en los diarios editados en Madrid (llamados de ámbito nacional) y la menor en los diarios catalanes que, si bien también han caído en este año, lo han hecho en menor medida seguramente por el seguimiento informativo de los acontecimientos políticos en Catalunya. En la última oleada del EGM, La Vanguardia creció un 5,4%.
El lector de periódicos de información general en papel ha envejecido y tiene su nicho en la población masculina de entre 45 y 65 años. Paralelamente el crecimiento de los diarios digitales ha sido espectacular. Sus lectores se sitúan mayoritariamente en la franja de 25 a 45 años y tienen una penetración en la población española del 27%, en torno a 8 puntos porcentuales  superior a la de los viejos diarios en papel. Pero lo más relevante es que los lectores digitales de información general han crecido en diez años de manera espectacular, pasando de tener una penetración del 7%  en 2007 a la actual del 27%.
El perfil socioeconómico y cultural de ambos perfiles de lectores sigue siendo similar. Parece que informarse a través de la prensa, ya sea ésta en papel o en digital, es cosa de las clases medias y medias altas que viven en zonas urbanas de más de 500.000 habitantes.
Pero lo preocupante es que los periódicos en papel perderán este año otro 10% de sus compradores, y según los datos de AMI (Asociación de Medios de Información)  a octubre de 2017, ya son solo 1,4 millones de personas las que acuden a comprar a diario al kiosco  frente a los más de 4 millones que lo hacían hace diez años. Se han perdido más de 2,5 millones de compradores.
Con este panorama las inversiones de los anunciantes en los diarios impresos sigue descendiendo y ya solo es el 30% de lo que era hace una década. Los medios digitales de información general consiguen mayores cuotas de la tarta publicitaria, que  si bien es suficiente para rentabilizar a algunos nativos digitales bien dimensionados en sus costes, no lo es para sostener las costosas estructuras de muchos grupos de prensa tradicional.
La disrupción de la prensa escrita tradicional española es cuestión de tiempo, quizás dentro de diez años, de seguir esta pendiente de abandono de lectores y compradores, la cuota de audiencia de los diarios impresos sea escasamente del 10% de la población y los compradores que se acerquen al kiosco no lleguen a la mitad de los que lo hacen hoy en día. Los anuncios impresos en papel serán una reliquia del pasado, algunos periódicos dejarán de imprimirse a diario para hacerlo dos o tres veces a la semana y lo harán en una imprenta común (ya lo han anunciado para 2018, ABC, El País y La Vanguardia, entre otros). La tarta publicitaria estará mayoritariamente en manos de los buscadores, las redes sociales y los medios informativos digitales. Del reparto de ésta dependerá la sostenibilidad de la prensa por internet, que tendrá que seguir explorando medios de pago a través de sus lectores para asegurar su  independencia y rentabilidad, que son las claves para un periodismo de calidad, libre de compromisos y deudas con el poder político y financiero.



jueves, 26 de octubre de 2017

EL NEGOCIADOR,cuento

EL NEGOCIADOR, breve cuento de José Sanclemente.           

A Benigno Fuencisla le sonó el móvil sobre la mesa de la cocina en el mismo instante en que el pan de dos días dio un brinco de la tostadora. Dudó entre abrasarse los dedos con la tostada ennegrecida o atender la llamada.  Quiso hacer las dos cosas al mismo tiempo y se quemó. Arrojó raudo el pan en el plato pero no atinó  y cayó en el pringoso suelo, que llevaba sin fregar desde que su mujer le había plantado hacía dos semanas. Enfurruñado respondió a la llamada, era el comisario Lorente de Vía Layetana.
—Benigno tenemos un código 207 con un individuo armado con un subfusil  que retiene a veinte personas en la sucursal de La Caixa de Vía Layetana 42, aquí al lado de la comisaría.
 —Voy para allá.
  Benigno Fuencisla tenía más de una docena de secuestros a sus espaldas en los que había mediado con éxito relativo, pues el 80% de los rehenes habían salido ilesos y el 100% de los secuestradores habían acabado en la trena. Daños colaterales, le llamaba al 20% de los secuestrados que no habían podido contarlo.
  Untó  la tostada con  ajo. “El ajo es como la penicilina, todo lo cura”, le decía su difunta madre de pequeño. Así que no iba a dejarle de hincar el diente a su desayuno solo porque estuviera infestado con los gérmenes de las baldosas mugrientas. Alivió la sed con una cerveza desbravada que estaba abierta en la nevera y eructó la penicilina aliácea .
  No se afeitó, no le daba tiempo. Sabía que los primeros minutos eran determinantes antes de que la cagaran los polis haciéndose los héroes o al atracador le cogiera el baile de San Vito y apretara el gatillo.
  Llegó en la Vespa en menos de diez minutos.
  Se quitó el casco, sacó su carné de negociador y se abrió paso entre la policía que había rodeado la sucursal de La Caixa, incluso por donde no había salida alguna. En primera línea, apostado tras un furgón policial, vio al comisario Lorente.
   —¿Qué tenemos?—preguntó.
   —Un tipo puntual. En cuanto abrieron la oficina de La Caixa entró y encañonó a la gente. Tenemos una línea abierta con el teléfono del director de la sucursal.
   —¿No hay demasiados polis aquí? —dijo Benigno que contó no menos de cien uniformados.
   —No sé, se han unido unos cuantos de los que viven en el puerto desde lo del Referéndum y he parado a cuatro furgones que están esperando a tres manzanas de aquí . Se ve que se aburren y quieren ayudar.
   Las calles estaban cortadas al tráfico y los leds azules ululaban sobre el techo de las lecheras , con un ruido ensordecedor. Benigno Fuencisla se lo hizo notar al comisario Lorente.
   — No cree que el secuestrador ya sabe que estamos aquí y somos muuuchosss, ¿podría dar órdenes de que apagaran las sirenas?, por favor. Si me he de comunicar con el sospechoso tengo que hacerlo en silencio.
   Lorente transmitió la orden por radio y en segundos se hizo un silencio ensordecedor, aunque al instante dos helicópteros que sobrevolaban la zona petardearon como truenos en el cielo. Fuencisla se desesperaba por momentos. Lorente que vio como se le agriaba el gesto al negociador— no sabía que era también como consecuencia del ajo de la tostada que le repetía sin cesar—, ordenó que se alejaran las aeronaves.
   —¿Así está bien?—preguntó con retintín el comisario.
   Fuencisla no contestó. Alargó la mano para que Lorente le diera el teléfono con el que se podía comunicar con el interior de la oficina bancaria.
   —¿Sabe cuanta pasta cuesta la hora de esos helicópteros y la de todos estos polis con sus coches patrulla? Es un despropósito. Así va el país…en fin deme el número para marcar.
    El comisario se llenó de paciencia y le facilitó el teléfono.
 —Fuencisla tiene dos horas como máximo, si no saca a la gente de ahí y se entrega el atracador entramos a por él. No podemos dejar la calle cerrada todo el día. La gente está hasta el moño de calles cortadas por las manifestaciones de los Independentistas, los españolistas y los que quieren dialogar. Solo faltaba esto y al lado de la puta comisaría. Es que tiene unos huevos el perla ese…
   —Déjeme a mí.
   —Todo suyo—marcó el número y en cuestión de  segundos oyó una voz masculina al otro lado de la línea.
    —Soy Benigno Fuencisla, el negociador, ¿con quién hablo?
    —Llámeme Puigdemont de momento, soy el atracador y tengo a veintidós personas apuntándolas con una ametralladora.
    —Pues me habían dicho que eran veinte y que tenía un subfusil—miró al comisario arrugando el morro, que escuchaba la conversación con un pinganillo unido al teléfono  mientras un sargento de comunicaciones la grababa—, ya sabe que la policía va a bulto a veces, no se caracterizan por ser refinados ni meticulosos. Solo hay que ver la de hostias que han dado a la gente por lo del Referéndum.
   La primera andanada de la conversación de Fuencisla era siempre para establecer una corriente de simpatía con el delincuente, poniéndose en contra de la autoridad, eso le daba muy buenos resultados siempre o casi siempre, porque esta vez Puigdemont le corrigió:
   —Oiga que yo soy español a tope y soy fan de la policía nacional y de la guardia civil. O sea que no me toque los cojones, empezamos mal para negociar listillo.
   —Bueno…no me ha interpretado bien—corrigió el tiro Fuencisla—yo, señor Puigdemont, soy también policía de la brigada de inteligencia, lo que quería decir es que hicieron un buen trabajo para desactivar el puto referéndum ilegal, no como los mossos…—A Fuencisla se le hacía difícil llamarle Puigdemont  y defender al mismo tiempo a los antidisturbios que habían venido de diferentes lugares de España a impedir el referéndum. Sabía que la mayoría de los secuestradores actuaban con nombres falsos de gente a la que solían odiar, como si creyeran que de esa manera le cargaban a sus enemigos el muerto de sus fechorías.
   —Ah pues perdone, seguramente no le he entendido, son los nervios que a uno no le dejan pensar. Mire puede llamarme por mi verdadero nombre, soy Morales y he venido desde Móstoles.
    Fuencisla le indicó con un gesto al comisario que comprobara la filiación del secuestrador en la base de datos policial.
   —¿Ha venido desde Móstoles para atracar un banco en Barcelona con sede en Valencia?
   —No exactamente. Llegué con el autocar que fletaron unos amigos de la Falange para la manifestación esa de la sociedad civil catalana y me quedé, pero no soy falangista…no vaya a pensar, yo soy español por los cuatro costados, pero no soy un facha.
   —Pero está atracando un banco y ha tomado rehenes, eso tenemos que discutirlo para que nadie sufra daño y usted pueda volver tranquilamente a Móstoles.
   —Oiga Fuentecilla…
   —Fuencisla.
    —Pues Fuencisla, soy español pero no soy tonto. Sé que si me cogen me cuelgan un marrón de aúpa aunque libere a los rehenes recién duchados y les regale un traje de Armani para compensar el estrés que están sufriendo, porque sabe: aquí se están poniendo de los nervios. Sobretodo los que son independentistas, les veo ahora mismo una cara de cagaos que no se puede hacer a la idea.
   —Perdone Morales y ¿Cómo sabe quienes son los rehenes que están a favor de la independencia?
   —Fuencisla que no soy tonto, ya se lo  he dicho; un español lo sabe y punto…además entre ellos hablan castellano para despistarme, pero a mi no me la dan. Estos llevan la estelada bordada en sus calzoncillos y las bragas cagadas…
  —¿Los ha desnudado?—Fuencisla estaba desorientado.
  —Por supuesto. Están todos en pelota picada, que es como la gente no puede disimular sus vergüenzas.
   Lorente ya tenía la filiación de todos los Morales de Móstoles, pero eran nada menos que seis mil.  Benigno tenía que sacarle más información. Era imprescindible saber a qué tipo de secuestrador se enfrentaba.
    —Bueno Morales, qué le parece si deja salir a unos cuantos rehenes y me dice qué puedo hacer por usted a cambio…Así podrá volver a su trabajo y con su familia.
   —Joder Fontillas, que no me lo trago. Que si salgo me llevan a prisión y además estoy en el paro, o sea que  no me esperan en ningún curro.    
   —Me llamo Benigno Fuencisla, si quiere puede llamarme Benigno—cubrió  el auricular con la mano  para que Morales no oyera como le  decía al comisario que buscara en el registro de las oficinas del INEM de Móstoles a todos los Morales desempleados— Le digo lo que haremos, usted libera a los españoles y se queda con los independentistas para que podamos seguir negociando.
   —¿Y qué negociamos?¿Van a retirar la ley del referéndum, van a prometer que no declararán unilateralmente la independencia? ¿Lo puede conseguir Benigno? ¿Eh? Tiene cojones de ofrecerme ese pacto por escrito firmado por el Puigdemont de verdad? Quiero que el President lo  diga en la televisión española.
   —Hombre eso lleva un tiempo, pero puedo ver qué puedo hacer…
   —Anda, no me jodas Fuencisla—pasó a tutearle—, eso no lo consigues ni emborrachando a toda la CUP , ¿o sí? Creo que me estás tomando el pelo y me voy a cargar a un par de tías indepes que tengo a mi lado con el flequillo que parece cortado con un hacha.
     Se oyó gimotear a las mujeres al otro lado del teléfono.
  —Tranquilo, tranquilo, de verdad que no quiero engañarte, para nada, pero me has de pedir cosas posibles y para empezar a conseguírtelas necesito que salgan de la oficina sanos y salvos los rehenes, ¿podemos hablar de ello sin exaltarnos?
    Lorente redujo la lista a la mitad, eran tres mil los Morales desempleados en Móstoles. Benigno Fuencisla se cagó en todo: ¡Puto desempleo!, ¡Joder!, pero si Móstoles debe tener poco más de 100.000 habitantes y el tres por ciento son Morales y están en el paro…Había que afinar más. Pensaba con rapidez y eructaba ajo a cada minuto. El comisario se tuvo que separar de él para no recibir las agrias y fétidas bocanadas.
   —¿Estás ahí Fuentecilla? Voy a pegarles un tiro si Puigdemont no aparece en la tele y retira  sus leyes ilegales y renuncia a la independencia.
   —Estamos en ello, de hecho el President se está interesando por lo que sucede en la sucursal…
    —¿Este? Le importa un comino que La Caixa se haya ido de Cataluña y ¿Ahora se va a preocupar por lo que sucede en una puta oficina?
    —Aunque La Caixa se haya ido  a Valencia a Puigdemont le afecta todo lo que suceda en su territorio. No puede haber violencia como consecuencia del procés , eso lo han respetado hasta ahora y no se puede permitir que se atraque un banco y se secuestre a ciudadanos por conseguir la independencia. El  President piensa que la independencia no vale la pena si hay vidas en juego.
   —¿Y tú cómo sabes lo que piensa? Le importa una mierda que España se rompa, que me cargue a los de la CUP o aún menos que mueran españoles, eso si que ni le va ni le viene…
   —Mientras arreglamos lo de su comparecencia en la tele, podríamos negociar otras cosas… por ejemplo un trabajo para ti, eso es fácil… ¿Qué te gustaría hacer? ¿Qué edad tienes y qué profesión tenías antes de estar en el paro?
    —Joder Fuencisla, eres todo un conseguidor. Mientras me gestionas la unidad de España, me das un curro. Tío tengo ganas de estrecharte entre mis brazos.  Era carpintero metálico, especialista en puertas y ventanas y me fui a tomar por culo con la crisis. Tengo 52 años y ya nadie quiere emplearme…
    El comisario ordenó acotar el número de Morales de Móstoles carpinteros de 52 años.
   —Pues eso está hecho, seguro que puedes empezar en una semana a trabajar…y ahora ¿por qué no sueltas a algún rehén?
   —¿Españoles o Independentistas?
   —Me da igual Morales, me da igual.
   —Pero ¿Españoles que crean que esto se arregla cambiando nuestra constitución y votando, o aquellos que quieren que las cosas sigan como estaban?
    —Porque no dejas  salir un poco de todo, sugiero.
    —¿También a los que están en contra del 155 o solo los que están a favor?
     Benigno Fuencisla tenía ardor de estómago, seguro que el ajo era tan curativo como la penicilina como decía su madre, pero le estaba sentando como una puñalada en las entrañas y Morales le estaba sacando de quicio.
    —Haremos una cosa, quédate con uno de cada y libera al resto.
    —¿Y qué hago con los equidistantes?¿También me quedo con uno de estos?
    —No, yo creo que los equidistantes no hacen daño, están ahí sin molestar y son silenciosos…¿No te parece? Yo les dejaría salir—dijo Fuencisla.
    —Pues ahora que los miro, no hay ninguno que me parezca equidistante. En las últimas semanas todos han tomado posiciones y se van alineando en un polo u otro …!Joder!, ¿qué hemos hecho mal Fuencisla?
   —Yo creo que lo hemos hecho bien. Estamos aplicando el Estado de Derecho con toda la contundencia. Acabaremos ganando.
   —¿Tú crees, o lo dices para tranquilizarme?
  —Estoy convencido del todo.
   —Está bien Benigno, voy a liberar a diecinueve y me quedo con un independentista, un español de raza y un español que quiere que se cambie la constitución para poder votar en el futuro. Libero a todos los demás, incluido uno que no ha dicho ni pío, que puede que sea  un equidistante.
    —Me parece una buena decisión—Benigno respiró hondo y pareció que se le aliviaba el ardor de estómago.
   El comisario le dio una lista con dos Morales de Móstoles que estaban en las listas del INEM, buscaban trabajo de carpintero y tenían 52 años. El cerco se había estrechado y aparecía la aguja en el pajar, bueno dos agujas. En segundos tendría las fotografías de ambos mostoleños.
   Benigno Fuencisla estaba consiguiendo que el secuestrador liberara nada menos que a diecinueve rehenes y en breve tendría las fotos de dos caras que le darían más información sobre quién tenía al otro lado del teléfono.
   —Salen en fila india—dijo Morales—, les he pedido que se vistan y lo hagan por orden, primero los españoles unionistas, segundo los que quieren cambio en la constitución y por último los independentistas. Ah no, el último será el mudo equidistante.
   Fueron desfilando con las manos en la cabeza y la policía los recolocaba en furgones y los identificaba con su dni y luego les preguntaban qué les parecía el procés y en qué bando estaban. Benigno comprobó que Morales había acertado con la filiación política de todos.
    El comisario Lorente le hizo una señal de aprobación con el pulgar a Benigno y esbozó una sonrisa, estaba a punto de culminar con éxito la negociación.
   —Estupendo Morales, has cumplido tu palabra y yo cumpliré la mía.
   —Soy español y si algo tengo es palabra, ahora solo falta que salga Puigdemont y diga públicamente que retira la independencia unilateral y que Cataluña seguirá en España o cumpliré mi otra palabra y me cargo a los tres rehenes que tengo conmigo.
   —No va a haber violencia, no va a haber heridos ni nada de lo que tengas que arrepentirte, Mariano, ¿Porque te llamas Mariano verdad?— de los retratos de los dos mostoleros que imprimió la policía, el buen hacer y la experiencia del negociador Fuencisla le había hecho decantarse por el de un hombre curtido con el pelo rizado y mentón prominente, frente al otro enjuto y barbado que se llamaba Luis. Además Mariano le pareció un nombre más español. Los rehenes liberados no pudieron identificarlo porque dijeron que llevaba la cara cubierta con un pasamontañas.
   —Eres bueno Fuencisla, seguro  que debiste sacar el número uno de la promoción de negociadores. Qué ganas tengo de tomarme una cerveza contigo, pero me vas a meter en la cárcel, ¿no es verdad? En cuanto salga me ponéis las esposas y al calabozo que lo tenéis aquí al lado… Os he facilitado el asunto. No tenéis ni que llevarme en coche, de la oficina al calabozo de la comisaría y de ahí al juez que me enchironará por una docena de años, si nadie sale herido…¿Tengo razón?
  —No, Mariano, no. Escucha si salen los rehenes sin un rasguño, esto lo arreglamos con el juez. Tenemos mano y si no está el indulto del Consejo de Ministros, eres un patriota al fin y al cabo.
   —Ya sé que el gobierno tiene mano con el Estado de Derecho, porque lo de encarcelar a los Jordis de Omnium y de la Asamblea es una buena jugada, ¿pero me tengo que fiar? ¿Va a salir Puigdemont por la tele?
   —Va a salir pero eso demorará…
   —Demorará toda la vida, ¿no es cierto Benigno?
   —Creo que voy a disparar al español unionista. Me sabe mal, pero somos muchos, ¿te parece bien o prefieres que liquide al indepe? No nos vamos a andar con medias tintas. Lo que tú decidas yo lo hago, pero tengo que ejecutar a alguien para que Puigdemont y todos vosotros me toméis en serio.
   —Mariano, por favor te lo pido, no lo estropees que vamos bien. Esto se puede acabar ya y nos olvidamos del tema.
   —Soy Mariano Morales de Móstoles, un español íntegro que quiere defender la unidad de su patria a costa de su sacrificio. Benigno, ¿a quién me cargo?
   —No lo hagas, eres de los nuestros—suplicó el negociador.
   —Pues lo voy a hacer,  decide a quién ejecuto.
   —Por favor—imploró Fuencisla
   El comisario dio la orden para que los policías con chalecos antibalas se apostaran cerca de la puerta. Los tiradores buscaban a través de los cristales con sus teleobjetivos el lugar aproximado donde los rehenes dijeron que estaba el secuestrador. Eran momentos tensos que a Fuencisla se le hicieron eternos. Se hizo un largo silencio.
   —He cambiado de opinión—dijo Morales al fin.
   —Está bien es una decisión acertada—respiró profundamente Benigno.
   —Me cargo al indepe.
   —Joder, no es eso.
   —Pues al español pactista…
   —Que no, que no tiene que resultar nadie herido Mariano.
   —Fuentecilla, he decirte una cosa…
   —¿Qué, Mariano?—el negociador ya no le corrigió el apellido.
   —Que no soy Mariano, que te he dado pistas falsas y me imagino que has buscado en la base de datos y te ha salido un Mariano Morales… , tampoco soy de Móstoles.
   Benigno Fuencisla volvió a eructar ajo pero ya no expulsó la bocanada agria, estaba desconcertado.
   —¿Quién coño eres?—gritó.
   —Eh, no te enfades que hasta ahora íbamos bien. Ya te he dicho que me podías llamar Puigdemont.
    —Vete a la mierda.
    —Estás saliéndote de tu papel Fuentecillas. No deberías disgustarme. Si quieres dejamos en suspenso el atraco durante un tiempo y negociamos de tú a tú. Eso es muy de Puigdemont.
   —Mira, como quiera que te llames. Yo ya te he ofrecido una salida pactada, pero si no liberas a los rehenes y te entregas, en media hora entrarán los GEO y te aseguro que no se andarán con hostias.
   —¿Me estás amenazando? Te lo perdono porque no estás pasando un buen momento con lo de tu mujer y eso…
   —¿Pero tú qué coño sabes?
   —Pues que tu mujer se piró con un abogado indepe harta de la vida aburrida que le dabas. Solo hace falta entrar en tu página de Facebook y seguirla a ella…, ¿sabes que todavía seguís siendo amigos?  Deberías actualizar tus redes sociales. ¿Sabes que ella no para de colgar fotos con el abogado en la cama, cubiertos con una colcha bordada con la estelada?, ¿no la has visto? ¿Te la envío por wasap si me das tu móvil.
    Fuencisla estaba fuera de control. Se había dejado acoquinar por el secuestrador, estaba perdiendo la negociación y los nervios.
    —O me dices quién eres o entramos en cinco minutos y te vamos a llenar de plomo hasta las orejas.
    El comisario miraba incrédulo a un  Fuencisla absolutamente fuera de sí y temió que aquello iba a salir fatal.
    —¡Uy qué miedo!, cálmate, parece que ahora he de hacer yo tu papel. Mira, no te diré mi verdadero nombre, pero has de saber que soy catalanista e independentista hasta la médula.
    —¿Y qué coño quieres entonces?
    —Lo que quiero ya lo tengo. Ya he comprobado que Puigdemont y su gobierno van a seguir adelante con el proceso hacia la independencia, ni siquiera le ha detenido un secuestro de catalanes. Ahora sé que hemos ganado.
    —¿Y para eso ha valido la pena jugarte tu libertad y tu vida? Porque ahora sí que entramos y te cosemos a balas o acabas el resto de tus días en la trena—dijo con contundencia Fuencisla.
   —Ves, ahora me cambias el discurso, como soy independentista ya no me ofreces un indulto o un pacto con los jueces. Sois una mierda los españoles y manipuláis el estado de derecho a vuestra conveniencia. Me reafirmas en mi convicción de que nos tenemos que ir de vuestra  España corrupta.
   —No me enredes. Se acabó la conversación. Si no te veo cuando entremos es porque estarás muerto.
   —¿Se acabo el dialogo?
   —Se acabó—concluyó Fuencisla.
   —Me hubiera gustado verte y tomarnos unas cervezas, pero no podrá ser…
    —¿Qué vas a hacer?
    —Ya he cumplido mi objetivo. Ahora me iré.
    —No puedes escapar, la oficina está rodeada por la policía.
    —Venga, no me hagas reír, si hemos sido capaces de hacer desaparecer y aparecer miles de urnas y millones de papeletas, ¿no voy a ser capaz de pirarme de aquí sin problemas? Adiós Benigno, ¡Visca Catalunya independent! Tendremos que suspender nuestra cerveza.
     Los Geo entraron en la oficina de La Caixa lanzando botes de humo. Sentados en el suelo encontraron a una mujer y dos hombres, los últimos rehenes del secuestrador independentista desconocido. Estaban en ropa interior, los identificaron como un españolista unionista, uno pactista y uno a favor de la independencia. El secuestrador no apareció por ningún rincón de la oficina. En el lugar donde había estado había una pistola de juguete de la guerra de las Galaxias y una bandera estelada gigante.
   Benigno Fuencisla eructó, de nuevo, ajo y su olor fétido se confundió con el sulfuroso de los botes de humo.
    
   
   
 
  
 
  
  
 
  

jueves, 12 de octubre de 2017

También entre los catalanes tenemos que hablar



 Varios de mis hermanos (somos seis) , mis cuñados y sus hijos se declaran independentistas, buena parte de mis amigos también. Algunos de mis colegas de profesión consideran que la independencia de Catalunya es plausible y que jamás estaremos tan cerca de conseguirla como en el día de  hoy, a pesar de que Puigdemont la haya aplazado.
No suelen emplear argumentos objetivables para su independentismo. Me refiero a que para ellos no es relevante lo material, lo económico o lo estrictamente racional. No digo que no valoren las incertidumbres de un futuro inmediato bajo una República catalana, las valoran, pero prefieren unos años de penurias si el objetivo final es que Catalunya sea un país independiente.
Lo identitario y emocional está por encima de cualquier debate sobre la autodeterminación catalana, por ello resulta difícil rebatir sus razonamientos si no tienes una especial sensibilidad nacionalista.
No vale para moderar su opinión que las empresas  catalanas se domicilien fuera de aquí, ni que se anulen reservas de hoteles como si estuviésemos en guerra, ni que la Unión Europea diga que Catalunya no entrará en su club, nada de eso amilana a mis amigos, familiares y colegas independentistas.
En los últimos días esto ha  sido más complejo, incluso los no nacionalistas hemos empatizado con algunas de sus tesis emocionales, gracias a la violencia inútil del gobierno español el día del Referendum, del mazazo que supuso el discurso del Rey e incluso de una parte de la manifestación españolista  en Barcelona que representó a algunos catalanes silenciosos, pero también a una España rancia que parecía haber desaparecido hace tiempo.
Algunos no nacionalistas— a los que suelen llamarnos equidistantes como mucho antes se llamó revisionistas a los militantes de izquierda que se olvidaron de la revolución proletaria y comulgaron con la transición española tras la muerte de Franco—estamos ahora más en contra de la actuación del gobierno y del consabido Estado de derecho que de la ilegalidad  de las leyes emanadas de la mayoría del Parlament catalán, y eso que la ilegalidad no tiene medias tintas.
Maldita equidistancia, parece que te has de comprometer por uno u otro bando y, si es así,  es humano hacerlo hacia el de la familia y de los amigos, que abandonan los grupos de WhatsApp porque se sienten incomprendidos o que convierten las comidas familiares en una disputa sinsentido.
¿Quién o quienes nos han llevado a esto?
Seguro que una parte de la respuesta a esta pregunta está en los políticos, también en algunos medios de comunicación de uno y otro lado, los del unionismo y los del separatismo pero,  más allá del hosco divorcio entre ellos,  en Catalunya tenemos la necesidad de reconstruir nuestros grupos de whatsapp  y  los tradicionales y tranquilos encuentros familiares. Seguramente para ello tengamos que relativizar y ponderar posturas entre los catalanes, pero también obviar a aquellos que nos representan y , sin embargo,  no nos tienen en cuenta y a los que nos informan pero no nos comprenden ni tienen interés en hacerlo.
Apelemos al diálogo entre los catalanes con todos los apellidos, los llamados equidistantes y los independentistas, los que lo están pasando mal porque en este proceso se sienten desamparados, los que dudan y los que tienen tan claro que no les importa que el presente de Catalunya sea incierto porque el futuro será mucho mejor.
Hay algo en lo que una buena parte de mis amigos, mi familia, mis colegas estamos de acuerdo y es que esto se tiene que arreglar votando en un referéndum legal y transparente, sin represión policial y con urnas transparentes.
Es necesario para restaurar nuestra convivencia, a pesar de todo. Ojalá nos dejen los políticos y los medios de comunicación sectarios.

viernes, 8 de septiembre de 2017

LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA Y LA DE SUS MEDIOS DE COMUNICACIÓN




  Cuando alguien me dice que los medios de comunicación deberían ser éticos y neutrales, siempre le contesto que la ética es una cualidad moral que solo es aplicable a las personas y que la neutralidad no está en la esencia de la economía de una empresa, aunque ésta sea periodística.
  En estos momentos de tensión política extrema, entre la mayoría parlamentaria catalana y el gobierno español, parece inevitable que algunas empresas de medios periodísticos busquen posicionarse ante sus lectores a favor o en contra del referéndum. Todo lícito si se hace con un criterio de independencia y bajo los patrones ideológicos que estimen conveniente sus editores.
   Solo veo un problema cuando los medios se decantan por defender las posturas de los gobiernos que los subvencionan, los banqueros de sus consejos de administración que los financian o los anunciantes que les condicionan.
  En Cataluña la imprenta Indugraf, que, supuestamente, estaría imprimiendo las papeletas del referéndum es propiedad de varios editores de prensa, algunos como El Segre y la Mañana de Lleida con subvenciones recientes otorgadas por la Generalitat catalana, o los hasta hace poco propietarios del diario Avui y Punt Diari, (ahora Punt Avui) también con un historial de donaciones del erario catalán que puede hacer sospechar que les merece la pena correr el riesgo de jugársela ante la Guardia Civil que vigila a las puertas de la imprenta.
   Cuando El Periódico de Cataluña se defiende frente a las acusaciones de “manipulación” por parte del Govern de la Generalitat y de los mossos, por la publicación del supuesto aviso de la  CIA, y su director afirma que la obligación del periodismo es “arrojar luz sobre la verdad y fiscalizar al poder” también debería añadir, en favor de su credibilidad ante los lectores, que no deberían recibir dinero del gobierno catalán como lo recibe el medio que dirige. Todo ello sin perjuicio de que debería haber contado desde el principio que lo que publicaba era un documento manipulado.
   Y eso que me parece injusta la campaña de desprestigio que se está llevando contra el medio del Grupo Zeta, con gente animando a dejar de comprarlo porque lo consideran alineado con los medios de Madrid que, también endeudados y debilitados, no sabemos si difunden tesis anticatalanistas en sus editoriales por convicción ideológica o por seguidismo de quienes les financian.
  En Cataluña, la televisión catalana( TV3) emite continuamente el spot del Referéndum que el Tribunal Constitucional acaba de suspender y  va a ilegalizar, a pesar de que las agencias Focus Media y Carat se han negado a distribuirlo. También TV3 está subvencionada por el Govern e indirectamente sus colaboradores, que suelen ser próximos a las tesis del ejecutivo independentista.
   Estoy convencido de que la mayoría de catalanes queremos votar porque está claro que será la única manera de avanzar para resolver este conflicto en el que nos hemos metido, nos han metido. Los medios de comunicación es cierto que deberían arrojar luz  a los ciudadanos en lugar de sombras, pero algunos no están  por la labor, la mayoría de ellos tienen la misma credibilidad que muchas de las instituciones del Estado y de la Generalitat, cuando son manejadas por los gobiernos: muy poca.
  En medio de este desastre quienes están pagando el mayor precio son algunos periodistas que sí tienen ética, pero se ven sometidos a la autocensura y son vilipendiados por determinados sectores por sus opiniones, no neutrales, pero sí libres. Que se lo digan a Jordi Évole, por poner solo un ejemplo.
   Esto de la independencia no se sabe cómo acabará, seguramente no muy bien, pero la de algunos medios de comunicación hace tiempo que es una quimera imposible.