jueves, 8 de septiembre de 2016

LOS MALES DEL PERIODISMO




Últimamente leo muchos  artículos de periodistas que intentan explicar lo mal que está el periodismo. Algunos, para teorizar sobre los culpables de este mal,  mezclan la situación de crisis de algunos medios de comunicación y de sus empresas editoras con la mala praxis de los periodistas, otros cargan sobre la falta de independencia que unos y otros tienen de los poderes facticos que atenazan a la información, a saber: los anunciantes y el poder político.
 Pocos se atreven a decir, alguno lo hace, que es la gente la que no sabe valorar los contenidos informativos de calidad y estamos cayendo en una sociedad desinformada o informada parcialmente por canales sucedáneos de los medios de comunicación que se encuentran en las redes sociales. A lo mejor los medios y sus periodistas hace tiempo que ya no tienen el monopolio de la información, ni siquiera el de la mejor información. Eso sería un grave problema. Es como si los médicos ya no fuesen los mejores prescriptores de los tratamientos para una enfermedad y nos pusiéramos  en manos de charlatanes y curanderos.
Algún periodista como es el caso de Manuel Rico (director de Infolibre) se inmola y reparte la culpa entre todos los colectivos, incluidos los lectores, eso sí, de izquierdas:  ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?— se pregunta analizando el panorama mediático español— Pues muy sencillo: somos responsables los editores, directivos de medios y lectores que afirmamos ser de izquierdas, que denunciamos la situación mediática, que nos llenamos la boca con la importancia de la libertad de prensa y que no hemos sabido o querido crear, defender o apoyar medios que reflejen esa visión del mundo (pudiendo hacerlo, claro).”
Otros como Miguel Mora de CTXT , nos salvan a los lectores y arremeten contra el establishment de los acomodaticios y endeudados medios y de los nuevos periodistas que han sustituido a los que han sido purgados por incómodos:Endeudados hasta las cejas y cada vez más alejados de la realidad, muchos de estos medios han otorgado el timón a los periodistas más mediocres y cobardes de sus plantillas, después de desembarazarse de los más incómodos aplicando una reforma laboral bananera. Y hoy aparentan mantener un poder que ya no tienen buscando pinchazos como sea, manipulando noticias y encuestas, emitiendo vídeos de gatitos y masacres, dictando titulares a los reporteros, intoxicando y asustando a las viejas con editoriales indignos de ese género, ocultando en sus portadas informaciones relevantes cuando son incómodas para sus dueños, excluyendo del debate a las firmas más críticas con el sistema, y/o dando voz a prosistas de sonajero y cascabel carentes de conciencia ética y social.”
Un gran periodista, Gumersindo Lafuente, aseveraba en su Manifiesto estival sobre el periodismo acomodado que los males no estaban en los soportes sino en el compromiso con la información veraz y libre: “Y ojalá que el oficio periodístico—dice el impulsor de la Fundación PorCausa—se dé cuenta de que su salvación no está en los debates estériles sobre el soporte, las redes o la viralidad. Si no hay rigor, originalidad y compromiso, poco interesante queda por salvar de algo tan bello como el periodismo.”
Lo fácil sería concluir que todos tienen razón en los males que asolan a nuestro periodismo y a lo mejor esa es  la conclusión a la que llegan ustedes leyéndolos. Estaríamos entonces ante un fallo multiorgánico que los médicos describen como lo más grave a lo que se enfrentan cuando un paciente ingresa en la UCI hospitalaria.
Posiblemente en la UCI informativa habría que suministrar un tratamiento de independencia al medio y al periodista para evitar que los poderes facticos siguieran dañando el corazón del periodismo, también  sería necesario oxigenar los pulmones para que entrara aire fresco y eliminara los residuos de contaminación informativa interesada. A lo mejor esto bastaría para salvarse, para sobrevivir, pero no para llevar una vida con normalidad.
Para volver a lo que quizá un día fue el periodismo para la sociedad, para interesar a sus ciudadanos y recuperar la credibilidad en los medios y en los periodistas  tiene que darse otra condición: el periodismo debe ser capaz de sacudir las conciencias de los ciudadanos.Si las cosas siguen por este camino—según Monica Bauerlein / Clara Jeffery (Mother Jones)— desaparecerán las noticias que revelen algo sustancial acerca de la manera en que funciona el poder. Hace falta tiempo (mucho más del que se puede justificar económicamente) y estabilidad, hacen falta reporteros y editores seguros de que sus trabajos no desaparecerán si no hay grandes beneficios, o si los poderosos se ofenden. A este tipo de periodismo le mueve un deseo de sacudir las conciencias, no de ser rentable únicamente.”  Este puede ser el antídoto definitivo contra los males del periodismo, pero no está al alcance de todos. 

 


miércoles, 8 de junio de 2016

El Pais da miedo

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El diario El País da miedo. Tras publicar la encuesta de Metroscopia en la que señala que la coalición “Unidos Podemos “ de Pablo Iglesias y Garzón sería la segunda más votada, a solo tres puntos del PP y a cinco del PSOE, editorializa cargando sin ambages contra la formación política  que considera populista y poco menos que antisistema.
La desgracia caerá sobre el otro país, el nuestro, si lo que dice la encuesta de este periódico global, antes independiente, se traslada en votos reales el 26 de junio, según este diario.
Las arcas públicas se resentirán, Europa nos cerrará el grifo financiero y España se romperá por la costura de Cataluña. Pero lo peor para este periódico, el de mayor tirada de España, es que medios como Atresmedia, que apoyan al gobierno desde La Razón y Antena 3, son los que están dado alas en la Sexta a estos exasperados y rupturistas políticos.
La verdad es que este editorial acojona al lector, con perdón. Piénselo antes de votar o las consecuencias pueden ser fatídicas.
Hasta ahí todo bien. Los periódicos que publican editoriales lo deben hacer de forma tan comprometida como lo hacen con las noticias,  pero a veces se echa de menos el contexto y la trasparencia de  algunas informaciones que son relevantes para los lectores.
Por ejemplo, sería bueno que el lector supiera que uno de los miembros destacados del consejo editorial de El País, que preside Juan Luis Cebrián, es el expresidente Felipe González y que en el accionariado de este diario están los principales bancos españoles, el HSBC, fondos de inversión internacionales y hasta un sultán catarí, que deben verse aludidos por la supuesta inestabilidad financiera que acarrearía el avance del “populismo” de la nueva coalición extremista.
La advertencia en el editorial, que no tiene desperdicio, de que se está desplazando al centro izquierda del PSOE que está “desdibujado y no tiene audacia”, ¿debe ser una morcilla en el texto introducida por el editorialista González para que despierte Pedro Sánchez?, la de que Ribera está sin el ánimo de las anteriores elecciones y Rajoy se atrinchera en igualar el resultado anterior podría ser una advertencia de los socios financieros  del diario para que se pongan las pilas e impidan esta impostura populista que nos puede salir cara.
Lo de arremeter contra Atresmedia suena a un quiero y no puedo. Prisa dilapidó varias veces su negocio audiovisual  desde CNN hasta Sogecable pasando por la Cuatro. Ahora tendría altavoces para hacerse oír en ese intento de  que no se produzca el resultado que le da su encuesta. Prisa es un grupo más pequeño, el País tiene la mitad de la difusión de hace diez años y los lectores están tan repartidos como los votos electorales.
No pasa nada. No hay que tener miedo a nada, ni siquiera a El País; que cada uno vote en conciencia y, sobre todo, que intente conocer qué y quién hay detrás de cada propuesta de los políticos, incluso las que hay tras  las informaciones y editoriales de los medios de comunicación.

viernes, 13 de mayo de 2016

TRAGARSE SUS PROPIAS PALABRAS


 El periodista Dana  Mildbank se comió literalmente el artículo que publicó en The Washington Post, como había prometido al apostar  en su columna que Donald Trump no alcanzaría a ganar la candidatura republicana a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.
Más allá del efecto cómico y viral del vídeo gastronómico de este analista político, que ha distribuido inteligentemente el Post, donde se le ve engullendo trocitos de papel  cocinados y disimulados entre ceviche de pescado, tacos de cordero  y un buen número de condimentos, cabe la reflexión de sí ésta sería una buena práctica para que la emularan algunos de los tertulianos más prolíficos de los medios de comunicación de nuestro país  que difunden sus mensajes machaconamente en la misma dirección, fabricando sin pudor rumores y noticias falsas  que expanden a los cuatro vientos por prensa, radio y sobre todo por televisión.
Me imagino, por ejemplo, a Eduardo Inda comiéndose la portada entera de El Mundo en la que publicó la noticia, que se demostró falsa, en la que sostenía que el ex alcalde de Barcelona, Xavier Trias, tenía una cuenta en Suiza con casi 13 millones de euros "según fuentes financieras y policiales" del periodista. Inda tendría que triturar también algunas de sus "informaciones"  contra Podemos  que ha cocinado con Photoshop y a  lo mejor se ve obligado a engullirlas con un buen aliño ante la puerta de los juzgados.
Pero nada de esto parece que pasará. Una parte de la audiencia parece reclamar el espectáculo circense de las opiniones distorsionadas donde lo menos relevante es que lo que se afirma sea cierto. Hay que echar de comer a los leones sangre fresca cada día, aunque el filete que algunos  pretenden que se  zampe la gente esté podrido.
La única línea roja que el periodista no debería traspasar es la de la verdad y no valen más condicionantes a la libre información que contrastar las fuentes con honestidad a la hora de contar una historia.
A algunos, que no rectifican,  parece que les resulta más provechoso seguir cocinando la información que comerse su propio plato. Saben que les produciría  una indigestión.

lunes, 18 de abril de 2016

LA OTRA PANTALLA Y LA TELEVISIÓN SOCIAL




 “La otra pantalla: redes sociales, móviles y la nueva televisión” es el título del libro que ha escrito Elena Neira (Editorial UOC). Neira es licenciada en Derecho y Comunicación Audiovisual, pero sobre todo una investigadora  rigurosa de los medios audiovisuales y de la transformación que están sufriendo en todo el mundo desde la consolidación de internet y las redes sociales.
Del análisis de Neira no solo se desprende que la audiencia televisiva está desafiando las restricciones de la parrilla de los programadores clásicos y que está diseminada entre muchos soportes en el que solo uno de ellos es la clásica pantalla de televisión, sino que la interacción del espectador a través de las redes sociales con los diferentes formatos televisivos es cada vez más relevante para encumbrar series y otros programas  en el éxito o  hundirlos en la ignorancia.
Los productores  norteamericanos nos llevan la delantera y vienen siguiendo a las redes sociales como moduladoras de la opinión del consumidor televisivo para crear formatos a gusto del público. Las plataformas de contenidos de entretenimiento, como Netflix, construyen su parrilla interactiva y estudian la periodicidad de sus lanzamientos  en función del criterio del espectador.  
La nueva televisión estará cada vez más sometida al poder del espectador. Será más social y sin los límites de horarios y las rigidices de las parrillas. También la publicidad deberá amoldarse a la socialización de un  medio que se ha convertido en multisoporte.
 En España estamos iniciando ese cambio; La Otra Pantalla nos da las pistas por donde transcurrirá el futuro del medio televisivo  en el que el espectador tendrá, de verdad, el mando.

 

miércoles, 30 de marzo de 2016

LOS VAIVENES DE ALIERTA CON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE TELEFÓNICA

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   Acabo de leer el libro “Buenas noches y saludos cordiales” de Vicente Ferrer Molina sobre la interesante biografía del periodista José María García (Editorial Córner), que recomiendo vivamente no sólo por el interés del personaje, sino por cómo nos sitúa en un tiempo en el que el control político  y la presión  sobre los medios de comunicación alcanzó en España sus más altas cotas de protagonismo.
  Eran tiempos del presidente Aznar (año 1997) cuando éste utilizó el brazo económico de la compañía Telefónica, liderada por su amigo Juan Villalonga,  para armar un grupo mediático afín al Partido Popular adquiriendo Antena 3 a Antonio Asensio (Grupo Zeta); dos años más tarde se hizo con la cadena de radio de la ONCE (ONDACERO) y en el 2000 adquirió la productora ENDEMOL por una cifra desorbitante.   Telefónica ya controlaba Vía Digital, la ruinosa televisión por satélite gubernamental.  Ese conglomerado mediático que se llamó Telefónica Media creció al amparo del “consejo asesor” de varios periodistas que se agruparon en la AEPI (Asociación de Escritores y Periodistas Independientes) que se caracterizaban por su antisocialismo, por su afinidad al Partido Popular y sobretodo por su oposición al grupo PRISA. Entre estos periodistas fundadores de la AEPI, a los que se les conocía por “el sindicato del crimen”, estaban Pedro J. Ramírez , Luis María Anson, Jiménez Losantos o el mismo José María García, que emprendió una cruzada contra el “imperio del monopolio” como denominaba al grupo de prensa de Polanco, que se había hecho con la Antena 3 Radio en la que realizaba antaño su famoso programa de deportes “Supergarcía”.
    El panorama que Cesar Alierta se encontró cuando accedió a la presidencia de Telefónica en el año 2000, sucediendo a Juan de Villalonga, era el de un grupo mediático ruinoso y en pérdidas multimillonarias por el que se había pagado un coste brutal  e inasumible, con el único fin de ejercer el control político de la información por parte del gobierno del Partido Popular. Villalonga dejó Telefónica con una indemnización multimillonaria (le ayudó a negociarla Mauricio Casals, actual presidente del diario La Razón, que intermedió con Aznar, el cual se había distanciado del presidente de Telefónica por unas “stock options”  que adquirió éste, al parecer, utilizando información privilegiada).
  El grupo mediático con César Alierta pasó a llamarse ADMIRA  y acabó vendiéndose al Grupo Planeta (Antena 3 y Onda Cero) tres años después de la llegada de éste a la presidencia de Telefónica. También se desprendió de la productora ENDEMOL en favor de Mediaset y fusionó la llamada plataforma gubernamental Vía Digital con la de Canal plus de grupo PRISA en SOGECABLE.
  Alierta se quitaba de encima un problema económico que lastraba sus cuentas y dificultaba el modelo de expansión de Telefónica que tenía en la cabeza. Perdía contenidos, pero ganaba en tranquilidad. Algunos de los que estuvieron en esa época con él dicen que la exposición e incomodidad que le generaba la presión a la que estaba sometido por los intereses políticos en sus medios de comunicación también fue un detonante para desprenderse de él.
  Este aragonés discreto, práctico e inteligente, como le califican sus colaboradores, sabía, sin embargo, que necesitaba de los contenidos para su expansión digital. Había plegado las velas del buque mediático de Villalonga-Aznar que iba a la deriva y al naufragio, pero buscó la oportunidad para hacerse con SOGECABLE en el momento en que  grupo PRISA, tocado por el endeudamiento, tenía necesidad de desprenderse de su televisión de pago.  Hoy en día Movistar Plus es la plataforma sobre la que se basa buena parte de su desarrollo tecnológico digital que engarza con la telefonía móvil, la red de internet y todo un  vasto campo de servicios y entretenimiento.  La Telefónica de Alierta ha tenido que librar varias batallas para hacerse de nuevo con un medio de comunicación en España, entre ellas la de Mediapro y los derechos televisivos del futbol. Tengo la sensación de que ahora lo ha hecho con criterios económicos de rentabilidad a pesar de las cantidades multimillonarias que se barajan.
   La marcha de Alierta de Telefónica no debería alterar este planteamiento. Las empresas de comunicación deben ser rentables para ser independientes, pero si no son independientes difícilmente tendrán futuro.
   Telefónica es uno de los grupos que más publicidad invierte en los medios de comunicación, eso ha llevado a algunos a pensar que por ello puede tener a la prensa comprada. Es cierto que hay mucha debilidad en los medios de comunicación y que algunos pueden esconder una noticia envuelta entre las páginas y banners de publicidad para no ser castigados por el gigante de las telecomunicaciones o las empresas del IBEX 35. Los que lo hagan perderán mucho más a medio plazo que esas inserciones de anuncios de hoy. Hasta a la propia Telefónica le pasó en su tiempo.
  


lunes, 14 de marzo de 2016

entre medios: ABC CRITICA A EL PAÍS POR MORIRSE ANTES DE TIEMPO

entre medios: ABC CRITICA A EL PAÍS POR MORIRSE ANTES DE TIEMPO: El consejero delegado de Vocento, Luis Enriquez, editor del periódico ABC, escribía un artículo en su diario titulado  "la otra transic...

ABC CRITICA A EL PAÍS POR MORIRSE ANTES DE TIEMPO

El consejero delegado de Vocento, Luis Enriquez, editor del periódico ABC, escribía un artículo en su diario titulado "la otra transición" en el que criticaba abiertamente, sin citarlo, a Antonio Caño director de El PAÍS por "anticipar el diagnóstico terminal de su negocio tradicional" y acusaba al sector de los periódicos de sufrir un trastorno de personalidad que les conduce a la automutilación.
Es cierto que Caño dijo que daba por hecho que la compra del periódico en el kiosco se reducía a una  minoría y que el trasvase al digital era constante. "Publicaremos el diario impreso mientras sea posible", manifestó el director en una carta abierta a la redacción, pero entre tanto los planes de PRISA pasarán por priorizar la edición digital sobre la de papel y para ello no solo se efectuarán cambios organizativos sino que invertirán con decisión en la tecnología necesaria para acometer la otra transición de la que habla Enriquez.
El directivo de ABC  se resiste a ver el final de su diario impreso pese a los descensos de ventas y publicidad que viene sufriendo año tras año, como el resto de periódicos; también a pesar del envejecimiento de sus lectores que dejan de acudir a los puntos de venta.
La defensa a ultranza de las ediciones impresas de los periódicos no debe ser objeto de ofuscación por parte de los editores  y no valen las comparaciones que hace Enriquez con otros sectores que consiguieron la transformación de su negocio sin perder el tradicional. No es comparable con el de la banca on line o con el de la telefonía que ofrecen otros servicios agregados sin renunciar a  las oficinas físicas de la red bancaria o a las llamadas telefónicas de siempre.  Ni siquiera se puede comparar, como lo hace el consejero delegado de Vocento, con el de las televisiones que se adaptan a los contenidos a la carta bajo demanda sin renunciar a la programación generalista.
Podía Enriquez haber escogido el ejemplo de la empresa Kodak que a pesar de ser la primera que descubrió la fotografía digital decidió no desarrollar ese negocio para no hacerse la competencia con su negocio tradicional de los carretes fotográficos de revelado en papel. Kodak quebró y hoy es un negocio mucho menor en el sector de la impresión.
Uno de los problemas de los periódicos tradicionales es que fueron muy proteccionistas ante la llegada de Internet. Querían conservar a toda costa a "sus lectores" y a "sus anunciantes" sin exponerse a las nuevas tecnologías a las  que consideraban de alto riesgo para su negocio. No se dieron cuenta de que otros  advenedizos supieron interpretar a sus clientes y les dieron aquello que demandaban en cada momento. Los periódicos no se han caracterizado por querer conocer los gustos de sus  lectores, a  los que las nuevas empresas como Google llamaron usuarios. Así se fueron perdiendo los anuncios clasificadosy la publicidad convencional en favor de las empresas tecnológicas. Los amigos ya no se hacían entre los suscriptores de los periódicos sino en Facebook y las cartas al director no servían de gran altavoz teniendo la opción de crear una cuenta en Twitter.
Los periódicos impresos han ido muy por detrás de los lectores y de sus preferencias. Hace tiempo que tiraron la toalla y no lo quieren reconocer. Los editores que no quieran darse cuenta de ello pueden seguir peleando infructuosamente en un combate que tienen perdido.
Pero a estas alturas no vale solo el reconocimiento de que a partir de ahora todo va  a cambiar, incluso la distribución de las mesas de la redacción, porque muchas empresas periodísticas llegan a "la otra transición" exhaustas, con las redacciones mermadas y con excesivas deudas financieras, pero sobre todo con más compromisos con el poder que con sus lectores, y eso no lo arregla ni siquiera la tecnología más avanzada.











lunes, 15 de febrero de 2016

PASHMINAS O PERIÓDICOS


  Hace poco me comentaba la decana del colegio de periodistas de Cataluña, cuya entidad tiene en propiedad unos cuantos quioscos de prensa en el Paseo de Gracia barcelonés, que éstos subsisten gracias a la venta de pashminas y souvenirs para los turistas. El margen de las pashminas que, evidentemente ni deben ser persas ni de lana de cachemire, es tremendo, me decía,  comparado con los exiguos ingresos que deja la cada vez más menguante prensa diaria.
  En España han cerrado en los últimos ocho años alrededor del 40% de los quioscos de prensa, unos diez mil puntos de venta aproximadamente, y los que quedan y tienen la suerte de tener una buena ubicación en las zonas más comerciales y de tránsito turístico de las ciudades, se han reconvertido en bazares recargados para vender lo que solo hace unos años se llamaban “atípicos”: loterías, recargas de móvil, tabaco, camisetas y bufandas de clubes de fútbol, chales de falso cachemire, golosinas y un largo etcétera de quincallas  para turistas. Ahora lo “atípico” es vender periódicos, que el año pasado volvieron a caer un 10% en su difusión y que ya llevan acumulado un descenso de ventas del 60% desde el año 2007.
 Los quiosqueros, además, han sufrido el cambio de orientación estratégica de los editores respecto a las promociones con las que acompañaban antaño sus diarios: ahora son los Carrefoures de turno los que entregan “los drones”, “las impresoras wi-fi”, “el jamón de jabugo” o las “sartenes de cocina” que el comprador del periódico puede obtener mediante los cupones diarios que recorta de su ejemplar y pega en una cartilla. Antes, los coleccionables por fascículos y las láminas de cartón se insertaban en el interior del periódico (encartaban) y el quiosquero recibía una comisión adicional al 20% del precio de la cabecera, que es la pactada habitualmente.
  El derrumbe de ventas de los diarios y de los quioscos de prensa ha supuesto también la concentración en la distribución y el transporte de ejemplares. Hace unos años cada periódico de los grandes y medianos de nuestro país tenia su propia empresa de distribución, hoy en día con el fin de abaratar los costes, los editores se han aliado y el transporte está en un par de manos que imponen sus condiciones.
  Vivimos en el fenómeno del pez que se muerde la cola para acabar muriendo asfixiado fuera del agua. Con menos kioscos donde vender la prensa y con menos tirada por parte de los diarios por agotamiento de los lectores— en un país donde la costumbre por la suscripción a la prensa diaria no es ni por asomo la de otros países europeos, no digamos los nórdicos—, el declive de las ventas por efecto puramente comercial seguirá siendo muy importante.
 El fenómeno del cierre de las ediciones impresas para sobrevivir con la marca en el digital, como el recientemente anunciado por el periódico británico The Independent,  va a llegar a nuestro país muy pronto. Si realmente, como se especula, se avecina una nueva crisis económica mundial, ésta volverá a afectar a los ingresos publicitarios  de los débiles periódicos en papel y será la puntilla para muchos de ellos.
    Auguro que en unos años veremos pocos periódicos en los kioscos de la vía pública y muchas más pashminas.




 
 
 


jueves, 14 de enero de 2016

EL PERIODISMO NO ES UN JUEGO

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El pasado mes de diciembre unos reporteros de Las Vegas  Review Journal iniciaron una curiosa investigación: conocer quién había detrás de la compra de su propio periódico; el de más difusión del estado de Nevada. Sabían que su compañía editora hasta entonces, New Media Investimets Group, había suscrito una clausula de confidencialidad con el comprador, que no resultó ser otro que Sheldon Adelson, el magnate de la hostelería y los casinos de Las Vegas Sands,  y el empresario que  mareó la perdiz con Ignacio González para instalar en Madrid el frustrado proyecto de  Eurovegas.
 Los reporteros descubrieron que la compra de su periódico se había hecho a través  de una empresa radicada en el paraíso fiscal norteamericano de Delaware, el mismo territorio donde radicaba la empresa que adquirió el ático de Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, solo por situarlo en el contexto, dado que nada tiene que ver. En Delaware, se dice, hay más sociedades inscritas que habitantes.
Adelson pagó 140 millones de dólares por el diario de Las Vegas y, tras salir a la luz esa adquisición, se produjeron algunas dimisiones entre los periodistas del diario según anunció The Newyorker; y los “reguladores” del juego en Las Vegas iniciaron también una investigación.
Sheldon Adelson ha pagado un precio muy por encima del valor del periódico, que tiene una tirada de 170.000 ejemplares, pero eso para él debe ser lo de menos: ya tiene el mayor diario de difusión gratuita de Israel en el que pierde millones de dólares; su fortuna supera los 22.000 millones y ha donado cientos de millones  a la causa republicana.
 La opacidad y la ocultación en la adquisición de un diario es un grado más a añadir  a la falta de transparencia de los intereses que mueven a muchos fondos buitres y extraños inversores que se colocan en los consejos de administración de las empresas periodísticas. La línea editorial de los diarios se balancea a favor de no se sabe qué tipo  de réditos debe otorgar a sus accionistas. La mayoría de veces no son ganancias de rentas o dividendos, tal y como están de escuálidas las cuentas de explotación de los periódicos.
Los periodistas de esos diarios suelen ser conscientes de que hay terrenos informativos que no deben ser explorados si quieren sobrevivir a sus empresas editoras. Por eso cuando vemos el ejemplo de los reporteros de Las Vegas Review Journal investigando a su propia casa para saber quién les paga sus sueldos, se abre una luz de esperanza: el periodismo no es un juego y un periódico no debería convertirse en un casino.

José Sanclemente