lunes, 7 de febrero de 2011

PERIODISTAS PUBLICITARIOS

Hace unos días en unas jornadas de la APM (Asociación de la Prensa de Madrid), se concluyó que la crisis está aumentando la mezcla de publicidad y periodismo en los medios, y cada vez es más frecuente ver rostros conocidos que ponen su cara o su voz a los anuncios.
El profesor Bernardo Diaz Nosty afirmaba que los periodistas que trasladan su credibilidad a un producto comercial incurren en la degradación más absoluta que puede alcanzar la profesión periodística.
No lo he podido comprobar, pero a mi querida Nativel Preciado parece que le ofrecieron una pasta importante, que rechazó, por anunciar una marca de coñac.
A mi me parece que no es para rasgarse las vestiduras. Hace unos cuantos años, quizás ya una veintena (como pasa el tiempo), me llamaron de unos grandes almacenes que celebran una carrera anual por la ciudad de Barcelona, porque tras publicar media docena de páginas de publicidad  en el diario, del que yo era entonces consejero delegado, anunciando la carrera de "EL CORTE INGLES", mi director había decidido  que dicho evento, que paralizó un domingo las calles de la ciudad y que tuvo miles de participantes, se recogería informativamente como "la carrera de unos grandes almacenes". A mi me pareció que los lectores no se sentirían defraudados o engañados porque tituláramos con el lenguaje de la calle y con el mismo con el que veníamos anunciando un evento que despues se convertía en noticia.
Eran tiempos en que los periodistas odiaban las páginas de publicidad de los diarios que les recortaban los espacios para explayarse en sus textos informativos. No había crisis.
También recuerdo cuando en INTERVIU se elaboró un reportaje denunciando una pintura que los reporteros, consultando varios laboratorios y analistas, consideraban cancerigéna. Esa pintura se solía utilizar como aislante en la mayoría de construcciones. Dos páginas antes del reportaje llevábamos el anuncio del barniz de marras. Los lectores de aquel tiempo escribieron indignados: ¿Cómo podíamos anunciar un producto que informábamos que era cancerígeno? La reacción de la marca de pinturas fue de manual avanzado: Lejos de anular la campaña y castigarnos, nos enviaron una programación publicitaria para los siguientes seis meses. ¿Querían acaso combatir la negativa información con la bondadosa publicidad? o más bien, querían hundir el prestigio de una revista que en aquellos tiempos vendía cerca de un millón de ejemplares y casi todo lo que decía iba a misa.
Durante los años de bonanza publicitaria no podíamos insertar un anuncio del lanzamiento de un coche cerca de la sección en la que , "asépticamente" , hacíamos la información con el test de prueba del mismo vehículo. "Pensarán los lectores que la prueba está manipulada y comprada por el anunciante".
Hoy en día nadie comprueba, no es obligación del medio, si los anuncios de "Nueva Rumasa" en los que prometen rentabilidades de dos dígitos, son inversiones seguras para los lectores de los diarios, o si  las bombillas de leds de tan poco consumo que se anuncian en los diarios son perjudiciales para la vista...
Lo peor no es que un periodista o un periódico venda una marca con luz y taquígrafos, que la anuncie a todo color o utilizando su imagen sin tapujos. Creo que eso es más claro, más entendible y comprensible para el lector... Nada tiene que ver con la credibilidad del periodista ni del medio. Lo peor es cuando leemos entre líneas un reportaje interesado de una marca o de un servicio porque ésta se ha ganado a la empresa o al periodista.
La publicidad mezclada en la información, el interés comercial de una marca disuelto sutilmente en el texto de una noticia o los opinadores por encargo es lo que nos debería preocupar.
Volviendo a las batallitas de otros tiempos, recuerdo como dos grandes periodistas Josep Pernau y Josep María Cadena me contaban, que tiempos ha, a las crónicas taurinas les llamaban críticas "sobrecogedoras". Inocentemente les pregunté si es que estaban tan bien escritas que ponían el corazón del lector en un puño. Me miraron con una sonrisa: "No, eran las que mejor pagaban los taurinos a los periodistas del ramo por sus buenas críticas". "Siempre acababan cogiendo el sobre".
En fin, la vida ha cambiado mucho desde entonces o quizás no tanto. Si eres una buena periodista como tú, Nativel, yo no hubiera renunciado a publicitar ese coñac, salvo que creas que el coñac puede ser cancerígeno o, simplemente, no te guste.