martes, 7 de junio de 2011

¿NOSTALGIA DE LA MÁQUINA DE ESCRIBIR?

Ayer el informativo de TVE , dio la noticia sobre el cierre de la última fábrica de máquinas de escribir que se halla en la India. Momentos antes se había referido a la presentación  de Steve Jobs de I-Cloude dónde APPLE almacenará todos nuestros contenidos en "la nube" y ya no será necesaria la sincronización con el ordenador de todos nuestros aparatos. Jobs llegó a decir que la era del ordenador toca a su fin. La coincidencia de ambas noticias da que pensar.
El cambio que supuso para las redacciones de los periódicos y de los informativos audiovisuales , en general, a finales de los años 80, no estuvo exenta de algunas resistencias por parte de los periodistas, sobre todo los de más edad , que durante un tiempo, recuerdo, hicieron que convivieran en las salas de redacción las entonces gigantescas pantallas con letras luminiscentes con las  Remington y Olivettis, entre otras, ya desaparecidas.
Los mensajes electrónicos de hoy en día eran entonces "comunicados internos", taladrados por las teclas metálicas de la máquina de escribir y de los que quedaba constancia de lo escrito a través de un papel de calca. Los conserjes y secretarias paseaban de un lugar a otro de los departamentos de las empresas las misivas que se cruzaban entre los empleados. El "Telex" y más tarde el FAX eran las herramientas para la comunicación externa. Todo quedaba archivado en cajas de cartón numeradas y fechadas.
El espacio físico necesario para almacenar tanta correspondencia era brutal. Había que habilitar sótanos y otras dependencias para que todo estuviera a buen recaudo. Ahora todo ello estará en "la nube", algo así como el "eter" que está en todas partes y no ocupa lugar alguno. La memoria de la nube es casi infinita y la parte de esa memoria que podremos utilizar inacabable.
Las herramientas han cambiado, pero también con ellas ha cambiado la comunicación entre las personas. Los medios informáticos han transformado no solo nuestra manera de comunicarnos, sino que ha potenciado exponencialmente nuestro ámbito de relación con los demás. No hay duda.
Mi hijo decía el otro día que había hablado con su amigo en Los Ángeles, mientras gesticulaba con sus dedos sobre la mesa como si tecleara en el vacío. Realmente no había hablado, le había escrito un e mail.
Hablamos, quizás, menos con los demás. Les soltamos un e mail o les envíamos contenidos en un arhivo digital. Compartimos su vida y nuestras inquietudes a través de los "muros" de la red social y nos atrevemos a rellenar "lo que estamos pensando" para colgarlo en facebook o en twitter. Pero hablar, hablamos menos.
La máquina de escribir era la excusa para enviar una carta de amor con buena letra y superar la distancia del novio o la novia. Ahora, no se donde debe estar la confidencialidad, resulta que más de un 5% ha  declarado a otro su amor a través de las redes sociales.
No hay en ello nostalgia del pasado ni romanticismo trasnochado. Mi vieja Olivetti se murió hace mucho tiempo y era inservible para escribir, por ejemplo, este post. Los mensajes y, por tanto, los contenidos han cambiado con la tecnología.
Lo único que preocupa es que  hablamos menos, nos vemos menos las caras, y,ahora, cuando todos estemos subidos a la nube será más difícil poner los pies en la tierra y mirarnos a los ojos. Es lo que toca.