martes, 6 de agosto de 2013

LA VENTA DEL WASHINGTON POST

¿Qué esta pasando para que en tan poco tiempo el Boston Globe, la revista Newsweek y ahora el Washington Post, entre otros, cambien de manos y a unos precios practicamente de derribo?
Vale que la crisis publicitaria está causando estragos en las cuentas de los diarios y revistas y vale, también, que la información en la red está haciendo menguar las ventas de los medios impresos y eso asusta a muchos editores que se ven incapaces de contener la sangría de pérdidas de sus diarios y que preven un negro futuro para sus empresas.
¿Pero tan negro como para abandonar el barco y tirar por la borda años de lucha por un periodismo de calidad e influencia?
Quizás aquí haya ya una primera respuesta. Posiblemente Sulzberger, dueño del New York Times vendió el  Boston Globe al propietario de un club de béisbol y los Graham el Post  al fundador de Amazon, porque sus diarios ya no tienen la influencia y predicamento de la que gozaron antaño: de alguna manera los editores han dejado de creer en sus periódicos en la misma proporción que los lectores, políticos y establishment en general, les  han perdido la confianza y el respeto necesario.
¿Eso significa que el propietario de un club de béisbol o el de una web de éxito, que vende de todo,  son capaces de  restaurar esa confianza e influencia? ¿Cúal es el verdadero interés que hay tras esas compras?¿Es confesable?
Algunos decían en Washington que desde la publicación del Post del escándalo del espionaje y de las escuchas y control de las redes sociales  del gobierno de Obama, éste habría dado un "empujoncito" para que el diario cayera en manos amigas como las de Jeff Bezos, dueño de Amazon, pero resulta poco creíble que una operación (secreta) como la venta del diario se haya gestado en solo semanas. Con seguridad debía llevar cociéndose algún tiempo, ¿o no?
Otras interpretaciones hablan de ese lento languidecer informativo del centenario Washington Post que se ha visto comer el terreno por nuevos diarios , fuertes en la red y en papel, como Político que  está ganando predicamento entre los lectores y temor entre la clase política norteamericana.
En fin, sea por lo que sea da la sensación, visto lo visto, de que si tienes un gran diario hay que venderlo ya. Antes de que ese nuevo modelo de negocio que no llega se te acabe llevando por delante, porque de lo contrario cada vez valdrá menos. Por lo menos eso es lo que piensan algunos editores americanos y ,además , hay que venderlo a personas ajenas al negocio editorial si aún se le quiere sacar algún rendimiento.
Si lo trasladamos a España imaginemos el precio que pagó Unidad Editorial por Expansión y Marca (Grupo Recoletos) hace 6 años  1.100 millones de euros, (6 veces el precio del Washington Post), o el que pagó Vocento por el diario QUE  ( 140 millones, el 90% del valor del POST) o el precio que puso Toni Asensio, presidente de Grupo Zeta, en 2007 a su empresa   (700 millones de euros), casi 4 veces el  que se ha pagado por el diario de la capital de USA.
¿Veremos ventas de algunas cabeceras españolas a imagen  y semejanza de la operación del Washington Post?  ¿A qué precio, y a qué personas o empresas? Claro que aquí algunas de ellas ya están en manos de algunos fondos de inversión y bancos que solo tienen que acabar de digerirlas en cuanto les apetezca.



1 comentario:

Jesus Muñoz Nuñez dijo...

Parece claro que la audiencia se va trasladando del papel al bit. Pero también es cierto que los que estamos en esa transición, vamos buscando las "firmas de confianza". De hecho la lectura on line de cabeceras de siempre viene inspirada por esas firmas.
Pero si los propietarios de las cabeceras están vendiéndolas a bajo precio y en esa transición y la ausencia de nuevo modelo para el papel, hay mercaderes de otros sectores comprándolas, cual puede ser el interés? Explotar esas cabeceras en otro tipo de negocio de servicios? O de otros bienes? No me parece que estén comprando esa capacidad de influencia perdida de la que hablas.
No me parece que vayamos a tardar mucho en conocer las intenciones detrás de estas compras, porque precisamente esos nuevos gestores de cabeceras no de la impresión de que vivan para el largoplacismo.