lunes, 15 de septiembre de 2014

EL PODER DE LA TELEVISIÓN

Son varias las voces de periodistas y políticos que dicen  que el fenómeno Podemos se ha disparado gracias a una cadena de televisión (La Sexta) y que Pablo Iglesias ha crecido al amparo de las tertulias que le enfrentaban a los Marhuenda y compañía.   También se ha escrito  que las movilizaciones catalanas por la consulta están creciendo por las continuas y machaconas informaciones de TV3 y Catalunya Radio. Si eso fuera exactamente así podríamos llegar a colegir que la cultura popular y el entretenimiento de nuestro país están dominados por Sálvame de Luxe (Tele5) que, con un 20% de audiencia, suma más espectadores que las dos cadenas juntas antes citadas.
Más allá de la broma, no hay que rasgarse las vestiduras por algo que es sobradamente conocido en las televisiones: La audiencia es la que manda; es la que destituye programas en dos entregas y la que los encumbra y mantiene por largas temporadas.
Y ello debe significar que tras un fenómeno televisivo, ya sea el de un político, un movimiento social o un personaje de la farándula, existe una base ciudadana que desea ver y oír determinadas cosas.
No le computemos, pues, a la Sexta todos los votos de Podemos, ni a TV3 el masivo despliegue catalanista. La base de la audiencia de ambos fenómenos está en las convicciones personales de muchos ciudadanos.
Pero da la sensación de que los análisis que hace la televisión  con sus espectadores son infinitamente superiores a los de otros medios, por ejemplo  a los de de los diarios con sus lectores. Las fórmulas que utilizan  siempre pasan por  escuchar a la audiencia y darle lo que busca para luego explotar el éxito cebando los contenidos hasta la extenuación.
Todo está pensado y planificado en la tele. Si ahora la moda es que el formato reality se extienda a las tertulias periodísticas y que los informativos lleven su dosis de sucesos, encajada entre la información internacional y la política nacional, pues se aplica sin miramientos.
El espectador siempre tendrá la oportunidad de apretar un botón del mando para cambiar de canal o desconectarse. También para encumbrar aquello o a aquellos con lo que se sienten representados.
Si a Pablo Iglesias y al independentismo  los auparon al éxito, también tienen su oportunidad los Marhuenda , Inda y Cospedal ... Ni los primeros han visto subir la audiendcia de sus diarios ni la última parece que le esté restando ánimo a los catalanes que quieren decidir su futuro en las urnas.