domingo, 20 de enero de 2013

LOS 200

Hay aproximadamente 200 cargos políticos o institucionales, en este momento, encausados o investigados por delitos de corrupción en nuestro país. Seguramente irán apareciendo más, pues cuando se tira de la manta las interrelaciones civiles y políticas se multiplican. El que compra a un político cree que puede comprar a dos o tres, si es necesario,  y el que se presta al soborno una vez lo puede ejercitar varias veces.
El soborno es cosa de dos como mínimo, pero no tiene límite porque el que lo conoce, aunque no se beneficie directamente de él, es así mismo un corrupto, en especial en la política.
La corrupción de los doscientos siempre tiene que ver directa o indirectamente con meter mano en la caja pública de los ciudadanos. El enriquecimiento de unos pocos lo pagamos entre todos.
Decía hace poco en este blog que el año 2013 podría ser un buen año para el periodismo si  éste volvía a recuperar su esencia de denuncia y defensa de los más débiles frente al poder: ¿Una utopía?
Sin el periodismo sería difícil que estos asuntos no quedaran muertos y sepultados. Con el periodismo hay una oportunidad de que salgan a la superficie y se aireen.
Es cierto que muchos políticos en el poder juegan a manipular algunos medios y otros a despreciarlos, porque creen que ya no son masivos y que han pasado del supuesto cuarto poder a influir bien poco en la opinión de lo ciudadanos. A lo mejor tienen razón, pero mientras haya un periodista que no se deje manipular y que esté dispuesto a llegar hasta el fondo, los 200 y los hipotéticos futuros 200 corruptos lo tienen mal.
Los fiscales y jueces son los que deben actuar, pero los periodistas han de contarlo hasta el final. El periodista no es quien juzga ni quien condena, solo lo cuenta para intentar que no quede impune a los ojos de la sociedad.
Hay una gran desazón e indignación ciudadana por estos casos e incluso se puede llegar, de tanto contarlo, a la impotencia y a la generalización de que esto no tiene remedio.  Ayuda el que no parece que los partidos políticos quieran pactar en serio medidas duras contra la corrupción y ni siquiera que tengamos una ley electoral con listas abiertas que nos permita no votar a estos indeseables.
El periodismo tiene una oportunidad y la clase política también. Ya veremos quién está al nivel de las circunstancias. De entrada periodistas y políticos deberían estar de acuerdo en que en este país no pueden campar a sus anchas los 200.