miércoles, 4 de julio de 2012

UNA NUBE DE AMOR Y UN MAR DE TRABAJO

José Antonio Vazquez Taín, a quien sus amigos llaman Toño, es el juez que ha llevado el caso del robo del Códice Calixtino y quien, conjuntamente con la brigada policial de patrimonio, ha conseguido recuperarlo.
El juez Toño, a quien conocí hace un año en unas jornadas sobre medios de comunicación en la Isla de San Simón, es un juez que transmite empatía y dinamismo. Me estuvo contando que había estado por Mataró en un juzgado de instrucción y que luego en su Galicia natal le había tocado más de una actuación compleja con los narcos organizados.
Intenté sonsacarle sobre el misterio del robo del Códice y no conseguí que ni el Albariño que nos tomamos le hiciera soltarse de la lengua.
Hoy le he felicitado por algo de lo que él estaba convencido que lograría: encontrar el códice y al culpable de su desaparición. Pienso que hasta resulta lógico que lo encontrara, en los tiempos que corren, entre un electricista despedido en un ERE por los responsables del mantenimiento de la Catedral de Santiago. Parece que le cogió ojeriza al Dean que le dejó sin trabajo....eso parece, porque el juez Toño sigue sin soltar prenda.
Solo me ha dicho :"Estoy en plena operación" y luego cuando le he preguntado cómo estaba él y su mujer, una abogada simpática pero dura , de las que no me quisiera encontrar enfrente,y  me ha contestado: "Sigo en una nube de amor y en un mar de trabajo".
¿Y a qué viene lo del juez Toño? Pues que ha sido casualidad que hoy al mediodia debatiera con un amigo periodista sobre la calidad de las instituciones democráticas españolas frente a las inglesas que en cuarenta y ocho horas han sentado en el parlamento a directivos del Barklays para que respondieran de las alteraciones de las tasas del Libor y el Euribor que mejoraban ficticiamente la salud de su banco, mientras a nosotros nos cuesta que un Rodrigo Rato y la cúpula directiva de Bankia, por poner un ejemplo, den una respuesta pública por dejar un banco en puertas de la quiebra y se ha tenido que forzar una querella para que un juez aceptara ver el caso.
Creo que los Toños existen y son un ejemplo de trabajo bien hecho desde las instituciones hacia la sociedad, pero pienso que empiezan a ser excepciones en nuestro país. Aunque sean casos aislados hay que evidenciarlos ante los ciudadanos que no queremos perder la esperanza de que mejore "nuestra calidad democrática".
A lo mejor es cuestión de mucho amor y un mar de trabajo. Se lo podían aplicar muchos.