martes, 19 de julio de 2011

EL PERIODISMO DE MURDOCH


El escándalo de las escuchas de los diarios de Murdoch en Gran Bretaña es claramente un acto ilegal y despreciable que va más allá de la vulneración de los derechos más elementales de los ciudadanos que han sido espiados y hasta suplantados.
 Los periodistas que han realizado estas prácticas, cuando se demuestre ante los tribunales, no dejarán de ser meros delincuentes a los que hay que apartar del periodismo aparte de imponerles las penas correspondientes, como se haría con un profesional de la medicina que en lugar de sanar a su pacientes les hiciera enfermar.
  El hecho de que en Gran Bretaña la prensa sensacionalista sea, junto a la alemana, la que tenga los índices más altos de difusión siempre he pensado que obliga a ser mucho más estrictos en la elaboración de las informaciones y más implacables a la hora de establecer reclamaciones por los errores y malas prácticas cometidos. En este sentido , Rupert Murdoch, debe asumir también su gran culpa.  Este magnate de la comunicación conocía perfectamente que lo que publicaban algunos de sus periodistas rayaba lo legal y legítimamente publicable. Le faltó ordenar investigar cómo se obtenían esas informaciones y depurar internamente las responsabilidades. Alguien que, como Murdoch, está encima del día a día de sus medios , ha cometido un error imperdonable que le debe costar caro.
  En nuestro país no ha cuajado nunca la prensa sensacionalista. El último intento llegó de la mano de los alemanes del BILD y se llamó Claro. Un diario tan serio como ABC era entonces accionista del proyecto y éste se cerró con un tremendo fracaso a los pocos meses de aparecer.
Hacer prensa sensacionalista requiere una buena dosis de creatividad periodística. Nadie se debe rasgar las vestiduras, porque el sensacionalismo es periodismo ,aunque este sea amarillo. Tiene el mismo respeto que el periodismo rosa del corazón o el periodismo  científico o , incluso, el llamado de investigación. Las sociedades europeas por cultura , costumbre y formación aceptan mejor uno u otro tipo de prensa  y dentro de cada sociedad no existen individuos uniformes. La pluralidad democrática es también la pluralidad de determinado tipo de prensa.
No somos mejores ni peores los españoles o los franceses e italianos que los ingleses o alemanes por no tener  una prensa sensacionalista y ser, por ejemplo nosotros, líderes en la del corazón.
 Tampoco creo que se deba legislar para poner cortapisas al periodismo si este es veraz, serio, riguroso, profesional y, ¿por qué no?, hasta divertido o de evasión. Los periodistas de Murdoch deben sufrir el peso de la ley como cualquier ciudadano que espíe o viole la intimidad de un tercero, pero además Murdoch  y los responsables de difundir esas informaciones obtenidas ilegalmente deben asumir muchas más responsabilidades. Los que consumen sus periódicos, ellos sabrán por qué.