viernes, 27 de mayo de 2011

RECOGIENDO LA BASURA

Que un político como Felip Fuig, consejero de interior de la Generalitat catalana, justifique la brutal actuación policial contra los acampados en la Plaza de Cataluña de Barcelona y la tilde de proporcionada y necesaria para preservar la "higiene " y "seguridad" de los ciudadanos  y que, a su vez, entienda que miles de personas pidan su dimisión , sitúa, de nuevo, a nuestros gobernantes en un mundo que no es real. Es un mundo propio, el de estos políticos, alejado cada vez más de los intereses de los ciudadanos, eso ya lo sabíamos, pero ahora creo que el de este tipo de políticos es el de actuar, si cabe, contra los más elementales derechos de sus gobernados.
Había mucha basura que recoger esta mañana en la Plaza de Cataluña, pero no estaba entre la gente que acampaba pacíficamente demandando, con indignación, pero sin violencia, que esta sociedad afronte de una vez por todas un proceso de democracia real.
Había mucha basura entre los políticos sentados a ambos lados de la plaza de Sant Jaume de Barcelona,  que dieron las instrucciones para que la policía actuara como en los peores tiempos de la dictadura franquista. Olía a podrido al remover la basura de los indignados allí acampados. Daba verdadero asco , repugnancia y pena ver como las pelotas de goma y las porras de los policías del consejero de gobernación, porque quiero pensar que esa no es nuestra policía, se cebaba contra los cuerpos inmóviles de chicos y chicas que se cubrían la cara con las manos entre sollozos de impotencia.
¿Cómo había medido, desde la óptica de su pequeño mundo, este político que acabaría tamaña intervención? ¿Le importaba acaso las consecuencias de su despropósito? Parece que  el "pobre" Puig no encontró interlocutor entre los indignados y, claro está, no pudo negociar y si no negocias hay que recurrir al palo. Lo demás son los efectos colaterales: la violencia de los gobernantes engendra violencia y esta acaba por dispersarse por todas partes como la basura al viento.
Los twitters de periodistas, acampados "indignados" y gente que pasaba por ahí ponían al descubierto que se cocía la tragedia y que ésta redundaría en fortalecer , si cabe, las convicciones de unos jóvenes que viven en un mundo real: sin trabajo, sin proyectos y hasta sin sentirse representados por políticos, financieros e instituciones que, no solo no les entienden, sino que les juegan a la contra.
Hoy miles de ciudadanos indignados por el trato de vejación y violencia dado a los "indignados" acampados " han tomado más conciencia de que hay que recoger otros deshechos , cochambres e inmundicias que no estaban en la Plaza de Cataluña y que hace tiempo que huelen mal, muy mal. No señor, allí no había basura señor Puig, pero esa ni a usted ni al mundo en el que se mueve le interesa recogerla.