martes, 23 de noviembre de 2010

EL DEBATE ELECTORAL EN CATALUNYA

El debate de los candidatos a la presidencia de la Generalitat de Catalunya, moderado por el periodista Josep Cuní, se me antojó muy interesante cuando, sin embargo, prometía todo lo contrario.
Un debate que suele estar encorsetado por los acuerdos de los partidos políticos, que acaban repartiéndose el tiempo y hasta los temas, a priori, suele ser un pobre espectáculo en el que resulta difícil  sacar algo claro y constructivo de unos personajes, los políticos, que suelen vivir en algún planeta de otra galaxia de esos que ahora estamos descubriendo.
Un periodista como Josep Cuní, correoso, que, en su habitual proceder, no se conforma con recibir medias respuestas a sus preguntas y, por tanto, piensa en sus telespectadores y en lo que éstos quieren conocer, se metía por enésima vez en la jaula del formato más peligroso del periodismo, el de puertas cerradas y el de la asepsia hospitalaria y salió, no sólo triunfante, sino que fue capaz de lidiar con las ataduras y los moldes prefabricados de los aparatos de los partidos y de los corsés electorales.
Y el hecho de que Cuní triunfase fue, sin duda, vital para que el debate tuviera frescura y nos mostrara con viveza la realidad de nuestros líderes políticos catalanes. Estoy convencido que su no intervención protagónica, en algunos momentos, generó la posibilidad de que se lanzaran propuestas entre ellos que no tenían previstas los jefes de campaña de los presidenciables catalanes.
El hecho de que toda la prensa alabara al día siguiente el papel del moderador, tiene que ver con que fuera capaz de convertir un espacio que se esperaba acartonado y prefabricado en uno fresco y natural que mas allá de los medios de comunicación, vista la audiencia mantenida, convenció a los ciudadanos catalanes.
Por eso hoy, cuando los 15 señores magistrados del Supremo y catedráticos de la Junta Electoral Central han prohibido el debate entre Artur Mas y José Montilla por unanimidad, me ha parecido que nuestras leyes y legisladores, y hasta algunas instituciones, viven de espalda a las necesidades de los ciudadanos.
Los dos políticos que tienen alguna posibilidad de ser investidos presidentes de la Generalitat no podrán  debatir cara a cara y los ciudadanos no podremos juzgarlos ante la proximidad de las votaciones. Nos han hurtado la información. Ahora si quiero seguir en TV3 tengo que ver, a la hora prevista del debate moderado por Cuní, la serie catalana "infidels" (infieles). Tomen nota los políticos que legislan y sus Juntas Electorales , porque han sido infieles, una vez más, a muchos ciudadanos catalanes.

1 comentario:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Eso es, una tras otra. Hay dos civilizaciones: La normal y la otra, la de los políticos.
Buen artículo.