miércoles, 6 de octubre de 2010

LAS PREGUNTAS DE APOLO



Acaba de nacer un nuevo personajillo llamado APOLO. Digo personajillo porque tiene seis años y está dibujado a tinta. APOLO se asomó enseguida a EL PAIS en su suplemento dominical y al mismo tiempo ya correteaba por Facebook y Twitter . La próxima semana estará en las librerías con su POLITIK, un Manifiesto Gráfico como han querido llamarle sus madres Emma Reverter y Mariam Ben-Arab.
Emma concibió a APOLO en New York y Mariam lo dibujó en Barcelona, así es que el niño ha salido con inquietudes muy universales. En El País del pasado domingo se atrevía, con descaro, a
dar su visión sobre la crisis económica y hacernos sonreir con sus, no tan inocentes , reflexiones.
En POLITIK se pregunta, entre otras cosas, si nosotros trabajamos para los políticos o ellos trabajan para nosotros, ¿quién los controla? o simplemente qué podemos hacer los ciudadanos para cambiar algunas absurdas reglas de un juego que, a base de mantenerlas, se han convertido en norma inalterable.
El humor gráfico en la prensa , en el libro o en la red, es fundamental para la interpretación de la realidad cotidiana. A veces aprendemos más de una tira gráfica que de la información que se desprende de un largo texto de un artículo. El impacto es superior. Nos suele dejar esa media sonrisa que acto seguido se convierte en un sentimiento conmovedor o en una reflexión de hondo calado.
Los niños como APOLO nos ven de otra manera, con otro foco. La mayoría de las veces no nos entienden, no alcanzan a conocer por qué lo complicamos todo tanto , por qué nos metemos en líos que acaban generando desastres que acabamos pagando entre todos.
Ellos no paran de hacer preguntas y desgraciadamente cada vez tenemos menos respuestas convincentes que ni siquiera acaban convenciéndonos a nosotros mismos.
Aunque , a menudo, nos detenemos poco tiempo a pensar en lo que verdaderamente importa. Tenemos muchísima información, muchísimos medios para llegar a ella y de tanta como procesamos somos incapaces de detenernos unos minutos en analizar el por qué de lo que sucede.
Ahí tienen su papel los medios menos fugaces como son los diarios o los libros y que, de vez en cuando los visite un personajillo como APOLO nos da que pensar. Nos hace sentir más vivos.