martes, 20 de julio de 2010

cuento de verano del año 2013

El mes de agosto de 2013 estaba siendo de un calor asfixiante. La gente se refugiaba de las tórridas temperaturas bañándose en las playas de las ciudades costeras. El metro cuadrado de arena de una playa como la de la Barceloneta era compartido por 1,3 personas según la evaluación que hizo la Guardia Urbana de la ciudad condal.
La crisis económica había cedido ligeramente, pero la gente todavía no se atrevía a viajar. El ayuntamiento lanzó un globo sonda sobre como vería la ciudadanía que se cobrara un impuesto por el uso de la playa pública que había puesto contra las cuerdas al nuevo alcalde convergente que llevaba poco más de un año en el cargo. El ayuntamiento estaba en bancarrota y sin posibilidades de acudir a la financiación externa y, por lo que se veía, tampoco estaba el patio como para impulsar nuevos inventos recaudatorios.
En España Rajoy gobernaba con el apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes. A éstos últimos les había concedido formalmente la mayoría de sus apiraciones con el Estatut y con los primeros alcanzó un acuerdo de gobierno en Euskadi sustituyendo a su anterior socio socialista.
Las encuestas del CIS marcaban una desafección con la clase política cercana al 65%. En un año de mandato popular seguían arreciando las críticas al pasado gobierno de Zapatero , pero no se ofrecían soluciones concretas.
Obama había repetido mandato por los pelos. Le salvó la filtración por la red de un escándalo sexual de su oponente republicano que le llevaba ventaja. Los americanos no perdonaron la mentira, primero, ni el posterior arrepentimiento del líder republicano después .
El Huffington Post y el Politico.com, que habían desbancado a los colosos The New York Times y The Washington Post en audiencia e influencia, investigaban sobre la utilización del asunto que Obama había hecho mediante el control de las redes sociales. El caso es que un Obama desgastado y mucho más envejecido, en tan sólo cuatro años, seguía en la Casa Blanca.
En Europa Alemanía y Francia dictaban descaradamente las normas financieras del conjunto de la Unión Europea y tutelaban sus intereses marcando los presupuestos del resto de países. Los ingleses iban por libre, con un ojo en EEUU y otro en el eje franco - alemán. No les iba mal.
Era el mediodía del 16 de agosto, jueves, cuando me llamó Antonio por si me apetecía bajar a un restaurante de la Barceloneta a tomar algo. Dejé la chaqueta en mi despacho. Los termómetros marcaban 32 grados y no corría ni una gota de aire. Bajé caminando los escasos quinientos metros que me separaban del restaurante junto a la playa. Llegué sin aliento y con la camisa empapada de sudor. Me senté en una mesa con una sombrilla y a escasa distancia de la arena de
la playa y me pedí una cerveza bien fría.
Mientras esperaba a mi amigo otee, en el horizonte hacia el mar, los centenares de cuerpos semidesnudos hacinados en la arena.
Y entonces reparé , hasta donde me alcanzaba la vista, que los bañistas emitían una especie de brillos reflectantes que incluso cegaban de vez en cuando la vista. Dos de cada tres portaban dispositivos con pantallas como el nuevo IPAD 4G , los Kindles de Amazon y los smartphone de Google, entre otros.
Leían, trabajaban y jugaban con los cacharros bajo un sol de justicia apenas cubierto por las sombrillas.
Los aparatos los regalaban las editoriales, los periódicos y hasta los grandes almacenes... todo a cambio de descargas mensuales muy económicas de libros, periódicos y videojuegos. El teletrabajo y el teleocio se había desplazado a la arena de las playas de aquel caluroso agosto.
Los bañistas los aparcaban en las toallas descuidadamente cuando iban a darse un baño. Alguien pasaba corriendo y los embardunaba con la abrasadora arena. Seguramente estos cacharros electrónicos deberían pasar una itv reparadora a la vuelta del verano.
Pero resultaba curioso , que al igual que en otro tiempo, a muy poca gente se le ocurría aprovechar la toalla vacía para llevarse un periódico o un libro en papel, tampoco nadie tomaba prestado un cacharro electrónico. Imaginé que todo el mundo ya tenía el suyo.
Y es que en aquel verano de 2013 ya se vendían el doble de ebooks que de libros en papel y los periódicos, la música, el cine y la televisión estaban empaquetados perfectamente en aquellas tabletas reflectantes que brillaban exageradamente expuestas al sol.
Volví la vista. Había llegado Antonio con su nuevo IPAD 4G bajo el brazo. Ordenamos nuestro almuerzo ante las sugerencias que nos hacía el camarero de viva voz, sin menú, sin libreta y, por supuesto sin cacharro electrónico... bebí un sorbo de cerveza y respiré profundamente el escaso aire que circulaba..entonces reparé en que del bolsillo del delantal del camarero asomaba el nuevo IPAD POCKET que había salido a la venta hacía escasas semanas....

1 comentario:

Lola dijo...

Antonio un ipad bajo el brazo, jejejej